La influencia de la
tecnología en la sociedad es un hecho innegable, internet y las redes sociales
se han hecho con un gran hueco de las rutinas diarias, gracias a ellas (aparte
de poder leernos), se tiene a golpe de click a amigos, familiares, compañeros
de trabajo y demás personas que sin disponer de una pantalla sería difícil conseguir
tanta información diaria de ellas. A través de redes sociales, tanto personas
desconocidas como famosos seguidos en todo el mundo se muestran tal cómo son,
o, quizá en la mayoría de las ocasiones, tal y cómo quieren mostrarse.
Aquí surge un problema moderno, la diferencia entre la imagen que se
muestra, que se quiere y la realidad, cada persona dispone de un escenario en
el que se enseña a todos sus espectadores, que lejos de mantenerse en la
butaca, observan y hacen lo mismo desde otro escenario. Se crea un reto que
nunca se podrá ganar, el lograr y mantener la imagen perfecta. La preocupación
por la imagen personal va en aumento, y pese a que ha sido estereotipado hacia
mujeres jóvenes, cada vez menos se distingue entre sexos y edades, siendo cada
vez más las personas atentas a su propio reflejo buscando, para resaltar
virtudes y ocultar defectos.
Pero, ¿qué ocurre
cuando no te gusta lo que ves en el espejo?
Las personas que tienen una
percepción negativa de ellos mismos pueden acabar realizando conductas rituales
de belleza y enmascaramiento de los defectos, a través de maquillaje, ciertas
prendas de ropa, ciertos peinados… o incluso evitar ciertos espacios donde se
puedan sentir incómodos por su aspecto, como gimnasios, discotecas o centros
comerciales. Provoca un alto coste en autoestima magnificar los defectos o
crear una imagen ideal sin ellos, pues éstos se alzan con el protagonismo de tu
imagen personal y pueden hacerte sentir inferior a los demás o avergonzado y
limitar tu bienestar en muchos contextos. En ocasiones la limitación entra en
un ciclo y se vuelve “la pescadilla
que se muerde la cola”
ya que, por ejemplo, la imagen atlética de
alguien haciendo ejercicio puede bloquear a una persona a iniciarse en hacerlo,
lo que perpetúa el sentimiento de malestar y acentúa además la incapacidad de
atajarlo. Otras veces, sin embargo, la propia imagen atlética es insuficiente
para el individuo que busca mejorarse a tal nivel que se vuelve una rutina
perjudicial.
Tener una percepción negativa de la propia imagen no se considera
psicopatólogico, pero es un factor a tener en cuenta para el Trastorno
Dismórfico Corporal.  Sin entrar a
valorar el grado, los síntomas que se relacionan con este trastorno son los
siguientes:
  • Pensamientos obsesivos, ideas o creencias delirantes
    sobre los defectos.
  • Conductas compulsivas relacionados con esos defectos.
    Comportamientos repetitivos ritualizados (colocar el pelo ocultando una parte
    del rostro, aplicar maquillaje, comprobar en múltiples ocasiones la propia
    imagen en un espejo…). Perfeccionismo, realización de excesivo ejercicio
    físico, someterse a cirugías estéticas, restricciones extremas de dieta.
  • Síntomas de trastorno depresivo mayor y/o ansiedad.
  • Aislamiento social autoimpuesto.
    Pensando o imaginando la actuación de los demás frente a los defectos.
    Evitación de ciertos lugares o en ciertos momentos, no ir a gimnasios o
    solamente salir de noche.
  • Baja autoestima. Inferioridad. Vergüenza.
  • Comparaciones obsesivas con los demás.
  • Bajo rendimiento laboral o académico. Falta de
    concentración.
  • Problemas para iniciar o mantener relaciones de
    amistad o pareja.

Cuando la vida cotidiana se bloquea o se ve interferida, se vuelve
necesario intervenir. La terapia cognitivo-conductual, en este caso, se basa
principalmente en la reestructuración de los pensamientos y la percepción y la
eliminación de esas conductas ritualizadas o de seguridad y ha demostrado ser
eficaz para reducir el malestar que acaba provocando este trastorno.
Vivimos en una época en la que el bombardeo de cuerpos y rostros “perfectos”
combate con el de la defensa de cuerpos y rostros “reales”. Sin
embargo, el ideal de belleza en la sociedad lo decidimos entre todos, a lo
largo de la historia ha cambiado cientos de veces, y, en realidad,
individualmente, cada uno tiene el suyo en cada momento de su vida.
Javier Rodríguez
“La belleza que atrae rara vez coincide con
la belleza que enamora”

J.Ortega y Gasset
El equipo de Psycospirity

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