La anorexia nerviosa, como trastorno de la conducta alimentaria, está asociada a
una elevada preocupación por el peso, a ideas sobrevaloradas respecto a la delgadez, a una
alteración de la imagen corporal y a un miedo excesivo a engordar.

¿Hay diferencias en la distorsión de la percepción corporal en pacientes con anorexia nerviosa de inicio temprano (antes de los 14 años)  y en pacientes de inicio tardío (de 14 años en adelante) ?

En el estudio de Vellisca González, Orejudo Hernández y Latorre Marín, las diferencias en la distorsión de la percepción corporal en pacientes con anorexia nerviosa
de inicio temprano vs. tardío se midió mediante el Cuestionario de la forma corporal.
El grupo de anorexia nerviosa de inicio temprano presentó una mayor distorsión
de su imagen corporal que el grupo de anorexia nerviosa de inicio tardío.

Los trastornos de la conducta alimentaria
(TCA) 

Son cada vez más frecuentes en las consultas
de los centros de salud y se diagnostican en niños y
niñas cada vez más jóvenes. La incidencia de la AN se ha
multiplicado en estos 30 años aproximadamente por 20. Si bien no existe unanimidad al respecto, la
mayoría de los estudios revisados sobre la prevalencia
de la AN coinciden al señalar que se observan
dos picos de incidencia:

  • El primero, en torno a los
    14-15 años;
  • y el segundo, entre los 18 y los 19 

Siendo más afectada la formada por mujeres entre los 15 y los 19 años
de edad.
Esto, sin
olvidar que los TCA afectan a mujeres mayores, a
niñas más jóvenes y también a bastantes hombres,
ya que aproximadamente el 10% de los casos son
varones.
A pesar de que la AN puede aparecer en
niñas con tan sólo siete años (Nicholls y Grindrod,
2008) o en mujeres de más de 40 (APA, 2000),
hasta el momento y de acuerdo con el DSM-IV-TR
(APA, 2002), la edad promedio de inicio es de 17
años,
siendo las edades en las que más casos aparecen
los 14 y los 18 años.
La existencia de estos dos periodos y las
notables diferencias de edad en el inicio del trastorno
han llevado a considerar dos tipos de pacientes:
las de “inicio temprano” en las que los síntomas
comienzan a los 14 años de edad o antes y las de
“inicio tardío” en la que el comienzo es posterior.
Otras propuestas para establecer un punto de corte
han pasado por considerar la menarquía como límite
biológico, considerando como de “inicio temprano”
aquellos casos que tenían lugar antes de la primera
menstruación. No obstante, este tipo de clasificación, además
de no poder ser aplicada a los casos que encontramos
en varones, resulta menos clara de lo que
podría parecer.

Para otros sí que las hay, hasta el punto de
plantear que se trataría de trastornos similares con
una etiología diferente, siendo los más típicos los de
inicio temprano mientras que los casos de inicio tardío
estarían más relacionados con sucesos vitales
graves

refieren que los
casos de AN de inicio tardío son más complicados y
que coexisten con un trastorno depresivo.
En el caso de la AN de inicio temprano, se han buscado
relaciones entre el inicio de la enfermedad y el
temor a la madurez hipótesis atribuyen el inicio temprano a una
lucha por la autonomía y el autocontrol personal.
Los pacientes más jóvenes pueden convirtiéndose
influenciados por conflictos familiares relacionados
con su propia adolescencia. En algunos casos, los
problemas de alimentación pueden acabar convirtiéndose
en el foco de atención de la familia el aumento en la autonomía
personal, la separación de las figuras paternas,
la presión social y de los pares, así como la creciente
madurez física y las inquietudes sexuales también
pueden influir en la aparición de la AN de inicio
temprano.
Uno de los elementos
centrales de la AN y de los TCA es la alteración de
la percepción de la forma o tamaño corporal, por lo tanto, incluyeron dos
aspectos relacionados con las alteraciones de la imagen
corporal: la distorsión perceptiva de la talla y la
alteración cognitivo-afectiva asociada a la insatisfacción
y la preocupación
por la figura.
El miedo a
estar gordo es un componente central de la psicopatología
de los TCA y que la alteración de la imagen
corporal más frecuente es la tendencia a ver el cuerpo
con un tamaño mayor que el real, lo que se denominó
de forma general “sobre-estimación”. En
Smeets, Smit, Panhuysen e Ingleby (1998) analizaron
mediante un estudio meta-analítico la relación
entre el tamaño corporal actual de las pacientes con
AN y su índice de percepción corporal, obteniendo
una relación lineal negativa.
En los TCA, la imagen corporal es definida como
la representación mental de diferentes aspectos de la
apariencia física, y su alteración, el desequilibrio o
perturbación de la misma (Thompson, 1990). Este
último autor incluye tres elementos en la construcción de la imagen: un componente perceptivo, otro
cognitivo-afectivo y uno conductual. Rosen (1992)
planteó la hipótesis de que la AN y la BN fuesen
manifestaciones de un trastorno de la imagen corporal
general, similar a lo que sería el trastorno dismórfico
corporal.
Rosen
en 1992, resaltó que el trastorno de la imagen corporal
desempeña un papel importante tanto en el pronóstico
como en el mantenimiento de los TCA
y que
la ausencia de cambios en este nivel constituye un
riesgo de recaída. Siguiendo a Sepúlveda, Botella y
León (2001), todo tratamiento de los TCA debería
contar con una intervención específica sobre la imagen
corporal.
Esta intervención debería centrarse en
varias áreas actitudinales:

  • la propia evaluación de su
    cuerpo, 
  • los autoesquemas y 
  • la afectividad hacia el
    propio cuerpo. 

La duración debe ser prolongada y
continuada, pues la imagen corporal negativa es probablemente
uno de los factores de inicio del trastorno
y de su mantenimiento en el tiempo. Actualmente
la imagen corporal sigue siendo una pieza clave en
la recuperación de las pacientes con TCA y de difí-
cil intervención terapéutica  (se espera que las pacientes con AN
de inicio temprano presenten una imagen corporal
más distorsionada
que las pacientes con AN de inicio
tardío)

Los TCA son uno de los trastornos psicológicos
que más demanda generan en el presente en los servicios
de salud. 

El conocimiento de los mismos es
un requisito necesario para poder disponer de un
abordaje terapéutico y preventivo eficaz. Así, se podría empezar a
plantear la posibilidad de establecer subtipos de AN
en función de la edad de inicio para los que, como ya
hemos comentado en la introducción, podrían encontrarse
diferentes factores causales. En este sentido, el
componente cognitivo-afectivo relacionado con la
percepción corporal podría ser central en estos casos.
Investigaciones realizadas con población preadolescente
y adolescente, han documentado la presencia
de conductas alimentarias de riesgo y problemas en
la percepción de la imagen corporal, particularmente
en el género femenino, ya que a las mujeres se les
invita y se les recuerda constantemente “el poder que
posee la apariencia física y el valor de la delgadez”
(Killen y Taylor, 1996) y que el comer poco es más
femenino.
Si se asume el papel fundamental de la distorsión de la imagen corporal en este trastorno, las actuaciones
preventivas deberían diseñarse teniendo en
cuenta la edad de la población objeto de las mismas,
siendo necesarias intervenciones en edades muy
tempranas
. Así, teniendo en cuenta que la imagen
corporal se va gestando durante la niñez y que es a
partir de la adolescencia cuando tiene un gran peso
en el desarrollo psicosocial de la persona, intervenir
sobre este ámbito podría tener importantes efectos
preventivos, tanto para la no aparición del trastorno
como para el abordaje inicial del mismo,el abordaje de esta distorsión
debe ser clave en los casos de inicio temprano,
pero igualmente se considera indispensable la intervención
temprana, por cuanto a los casos de inicio
temprano se le añaden mayores repercusiones, ya
que suele verse afectado el desarrollo físico, aspecto
que podría ser revertido con una intervención
adecuada.


Vellisca González, María Yolanda, Orejudo Hernández, Santos, Latorre Marín, José Ignacio, Distorsión de la Percepción Corporal en Pacientes con Anorexia Nerviosa de Inicio Temprano vs. Tardío. Clínica y Salud [en linea] 2012, 23 (Mayo-Agosto) : [Fecha de consulta: 1 de junio de 2018] Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=180623386001> ISSN 1130-5274 
El equipo de Psycospirity

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *