Actualmente, las conductas
violentas
, más o menos sutiles, en las relaciones
de pareja jóvenes
están cobrando una gran relevancia en nuestro entorno, no sólo por su alarmante tasa de
prevalencia y sus consecuencias en la salud física y mental de las víctimas,
sino también porque se producen en una etapa de la vida en la que las
relaciones sentimentales están empezando y donde se aprenden pautas de
interacción que pueden extenderse a la edad adulta.
Muchos adolescentes y jóvenes no
prestan la atención debida
a la
violencia
contra la pareja por creer que se trata de un problema que afecta
a parejas adultas de una larga evolución y que no constituye una amenaza para
ellos en las primeras fases de la relación. Sin embargo, durante el noviazgo son muchas las parejas jóvenes
que ya se enfrentan a situaciones
anómalas de violencia
que poco tienen que ver con el amor o con las
expectativas de una relación en sus inicios. De hecho, la violencia suele instalarse en las relaciones de forma gradual, es decir, no suele
surgir habitualmente de forma espontánea durante el matrimonio o cuando las
relaciones son ya estables.
Generalmente la violencia empleada por los jóvenes suele plantearse de un
modo sutil, en forma de maltrato emocional (actitudes de
hostilidad o menosprecio, amenazas, humillaciones, celos exagerados y conductas
de control), lo que hace que muchas veces la
víctima no se considere a sí misma maltratada
. Al mismo tiempo, la interiorización de los roles tradicionales
de la mujer
y la excesiva
idealización del amor
pueden contribuir
al desarrollo de algunas ideas disfuncionales sobre el amor
y las
relaciones de pareja, de modo que determinados comportamientos inadecuados sean
percibidos como síntomas de amor y preocupación por la pareja.
De hecho, el presente año se ha publicado un estudio elaborado
por el Ministerio de Sanidad para conocer cómo perciben la violencia de género
los adolescentes y jóvenes y los resultados arrojados de dicho estudio han sido
que el 33% de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años, es
decir, uno de cada tres, considera
inevitable o aceptable
, en algunas circunstancias, controlar los horarios de sus parejas, impedir que vean a sus familias
o amistades, no permitirles que trabajen o estudien o decirles lo que pueden o
no pueden hacer.
El estudio advierte también de que la gente joven tiene una mayor tolerancia a estas conductas que
la población en general.
Una de las razones que podría explicar esto es que, debido a las nuevas tecnologías (los móviles y las redes sociales)
han aumentado mucho las posibilidades de
control
y son los jóvenes los que más las utilizan. Otra posibilidad es que
a estas edades, que están en la fase del
enamoramiento
, se puede extremar el mito del amor romántico en el cual está
latente la idea de que por amor hay que estar dispuesto a darlo todo, que los
celos forman parte de éste y que formar una pareja conlleva anular la
individualidad de la persona. Además, mucha de la información que interiorizan los jóvenes hoy en día es a través de la televisión, Internet, sus series y canciones favoritas y lo cierto es que en la mayoría de éstas se
reproducen pautas de control propias del “amor romántico”.
Respecto a la permanencia en la relación en los casos de las parejas jóvenes en los que está presente la
violencia, ésta podría explicarse por
una cierta inmadurez emocional de la víctima, por la convulsión pasional del
noviazgo
, que puede nublar la razón en algunas circunstancias, por las expectativas idealizadas del amor y de una
pareja estable
y por los sesgos
cognitivos en relación con la pareja
, así como por la presencia de creencias y actitudes conservadoras sobre
los roles tradicionales y modelos sexistas para disculpar la violencia
.
Por su parte, la dependencia emocional también es un factor que debemos tener presente en estos casos,
siendo éste un obstáculo a la hora de
romper la relación de pareja
. La dependencia emocional es la necesidad afectiva extrema que un sujeto
siente hacia otro a lo largo de su relación de pareja
. Las personas con
dependencia emocional poseen una baja
autoestima
y un tremendo miedo a la
soledad
y son muy susceptibles de
establecer relaciones de parejas patológicas y gravemente desequilibradas
,
asumiendo en ellas un rol subordinado. Estas personas, asimismo, consideran a
su pareja como el centro de su
existencia, la idealizan, se someten a ella y serían capaces prácticamente de
cualquier cosa para no romper la relación
. De hecho, la dependencia emocional está en la base del comportamiento de un grupo de personas víctimas
de violencia que manifiestan seguir enamoradas de sus parejas por graves que
sean los malos tratos, vejaciones, desprecios, etc., que hayan recibido de su
parte. Por tanto, se podría decir que la dependencia
emocional
es algo que convierte el
amor en un suplicio
, convierte algo que tendría que ser muy bonito y que
debería aportarnos muchísimo, en algo que es horroroso en muchas ocasiones y que
resta amor propio y calidad de vida al dependiente, consumiéndolo poco a poco y
atormentándolo (Castelló, 2005).  
Por tanto, teniendo presente todo lo anterior, lo más sensato es aceptar que la
violencia está presente en las parejas jóvenes
de nuestro entorno y que es
necesario enseñar a los jóvenes que el maltrato psicológico, el control o el
“amor romántico” no son muestras de amor, sino que son el principio de la
violencia de género.
Por tanto, los educadores sociales,
psicólogos, personas que se dedican a la enseñanza, etc. tenemos una misión:
ayudar a los jóvenes a definir e identificar qué cosas se pueden consentir y aceptar en una relación de pareja y que cosas no
se deben permitir bajo ningún concepto; enseñarles
cómo utilizar
correctamente las nuevas tecnologías –sin ser controlados ni controladores- y
fomentar que se detengan a examinar los mensajes de violencia que transmiten
ciertos programas, Internet, series, canciones, etc.
Aunque no es un camino fácil, el objetivo
principal es que los jóvenes puedan salir de la relación de dependencia y
desequilibrio en la que están inmersos y aprendan a construir nuevos modelos de
amor más lúcidos y menos ciegos.
La
relación de pareja debe ser para disfrutarla, en ningún caso sufrirla.
Quien bien te quiere te hará reír, disfrutar, no
llorar y sufrir.
Haizea
Gómez Mugarza  ( Colaboradora de psycospirity)

Psicóloga
General Sanitaria 

Psicóloga titulada con una gran experiencia que presta atención psicológica a niños, adolescentes y adultos en distintas dificultades que puedan superar a la persona y le hagan sufrir en su vida diaria. Realiza tanto terapias individuales, de pareja, de grupo o familiares, siempre desde el punto de vista preventivo de salud. 
El equipo de Psycospirity

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