Diagnóstico:


El diagnóstico de la esquizofrenia se basa en la cuidadosa
observación de signos y síntomas, en la exploración metódica de las vivencias
de una persona y en la acumulación de antecedentes desde todas las fuentes
posibles: familia, amigos, vecinos, trabajo.


No existen pruebas de laboratorio ni exámenes de imágenes
que ayuden a establecer el diagnóstico, como no sea para descartar otras
enfermedades.


Se tiende a realizar la valoración en función de la
predominancia de síntomas positivos (alucinaciones, delirios…) o negativos (expresión emocional restringida, abulia…) y, sobre todo, a medir la
intensidad de cada uno de estos síntomas mediante cuestionarios y escalas. Ello
permite evaluar al paciente en diversos momentos de su evolución, así como la efectividad
de los tratamientos.

Causas:

El origen de la esquizofrenia no se conoce con certeza. No
obstante, en los últimos años se han logrado algunos avances que permiten
señalar a diversos factores responsables del trastorno:

  • Alteraciones precoces del desarrollo del cerebro: los
    hallazgos apoyan la teoría de que la esquizofrenia puede tener su origen en
    alteraciones del desarrollo cerebral muy precozmente, en concreto, durante el
    desarrollo del cerebro embrionario.
  • Predisposición genética: Aunque el mecanismo de transmisión
    no se conoce, sí se sabe que el riesgo de padecer la enfermedad es mayor cuando
    existen antecedentes familiares de la misma. Sin embargo, la presencia de
    antecedentes no es una condición necesaria ni suficiente.
  • Alteraciones en sustancias del cerebro: Se ha descubierto
    que diversas sustancias llamadas neurotransmisores, y que se encargan de que
    las neuronas se comuniquen adecuadamente, pueden estar desequilibrados en la
    esquizofrenia.
  • Infecciones del embarazo y complicaciones del parto: Está en
    estudio si algunas infecciones por virus que padezca la madre durante el
    embarazo, pueden ser responsables de alteraciones del desarrollo cerebral
    normal del feto y que, a cierta edad, provoquen la enfermedad. Por otra parte,
    se ha relacionado este trastorno con complicaciones durante el parto
    (traumatismos, anoxia cerebral).


Síntomas:

La esquizofrenia es una enfermedad que presenta muchos y
variados síntomas pero ninguno es específico de ella, sino que también pueden
estar presentes en otros trastornos mentales. Además, los síntomas en su mayor
parte son subjetivos, es decir, sólo el paciente los experimenta, con lo cual
no pueden ser comprobados.


Los síntomas más característicos de la enfermedad son:
  • Delirios: ideas erróneas de las que el paciente está
    convencido. Por ejemplo, «creer que todo el mundo está contra él o que tratan
    de perjudicarle».
  • Alucinaciones: percibir algo que no existe. Por ejemplo, oír
    voces (que le insultan o hablan de él), o ver objetos o caras que no están.
  • Trastornos del pensamiento: el lenguaje del paciente se hace
    incomprensible y se altera la fluidez.
  • Alteración de la sensación sobre sí mismo: la persona siente
    que su cuerpo está cambiando, se ve a sí mismo como raro.
  • Deterioro de las emociones: la afectividad se va empobreciendo.
    Puede llegar a la ausencia de sentimientos. Los pacientes se muestran
    inexpresivos y se comportan con frialdad hacia los demás.
  • Aislamiento: los pacientes se encierran en sí mismos y en su
    mundo interior.


Tratamientos:

Actualmente la esquizofrenia se trata fundamentalmente con
determinados medicamentos, denominados neurolépticos o antipsicóticos, que
tienen la capacidad de corregir desequilibrios de los neurotransmisores.


Se diferencian dos tipos de antipsicóticos: los clásicos
(como la clorpromazina, el haloperidol o la tioridazina) y otros más recientes
que se llaman neurolépticos atípicos (clozapina, risperidona, olanzapina,
ziprasidona o quetiapina). Estos últimos tienen la ventaja de producir menos
efectos secundarios ( como menos efectos extrapiramidales).


En casos muy concretos como la escasa respuesta al
tratamiento con medicamentos, con grave riesgo de suicidio o agresión hacia
otros, en el subtipo de esquizofrenia catatónica (porque hay diferentes tipos de esquizofrenia) puede estar indicado el
tratamiento con electroshock.

La terapia psicosocial está destinada a que el paciente esté
ocupado y activo. La terapia psicosocial precisa de mecanismos asistenciales
como talleres ocupacionales, centros de día, centros de salud mental y grupos
de autoayuda.

El diálogo entre paciente con esquizofrenia y el psicólogo puede ser un instrumento terapéutico importante, si tiene como fin que el
enfermo conozca su patología, y se le enseñe a convivir con ella y a utilizar
sus propios recursos psicológicos y ajenos -familia, amigos, apoyo-, para
acercarse más a su entorno. Por otra parte, es importante que el psicólogo clínico o el médico-psiquiatra informe tanto al paciente como a los familiares con los que convive
sobre las características sintomáticas de la enfermedad y les ayude a
distinguir cómo se han manifestado en su caso particular, con vistas a prevenir
o intervenir con prontitud en caso de reagudización.


Para más información os remitimos a un documental que está en youtube, llamado 1% esquizofrenia.

Si tenéis cualquier duda, no dudéis en
comentárnoslo.

¡Que paséis un buen día!

Anaís Martínez Jimeno.
Graduada en psicología
El equipo de Psycospirity

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