Autores clásicos, como Kraepelin y Bleuer, ya describieron casos de esquizofrenia cuyo inicio no se situaba en la juventud como ocurría en la mayoría de los casos, sino que tenían su comienzo en la niñez.
Posteriormente, durante los años treinta y cuarenta, se realizaron los primeros estudios sobre dicho cuadro a cargo de autores como Potter, Bender, Despert y Bradley.
Durante este periodo surgieron múltiples controversias acerca de la esquizofrenia en adultos y su relación con la esquizofrenia que aparecía en la infancia.
Algunos autores defendían la existencia de un cuadro de amplio rango que recogía múltiples expresiones, mientras que otros apostaban por una categoría reducida donde formas menos frecuentes como era la esquizofrenia de inicio en la infancia no tendrían cabida.
Actualmente las clasificaciones internacionales no recogen una categoría especial de esquizofrenia infantil, sino que se incluye dentro de la categoría general de esquizofrenia, ya que consideran que se trata de un mismo trastorno que aparece en poblaciones de distinta edad, por lo que los criterios corresponden exactamente con los planteados para la esquizofrenia.


En los niños las características esenciales son las mismas que en los adultos. Los síntomas positivos formados por las ideas delirantes y las alucinaciones siguen siendo las características más sobresalientes del cuadro, aunque suelen ser menos elaboradas que las que se observan en los adultos, siendo más frecuentes las alucinaciones visuales de lo que lo son en los adultos, aunque predominan las auditivas. En el caso de los niños cobra una gran importancia la desorganización del habla que refleja un pensamiento desordenado. 
Otro síntoma es el comportamiento desorganizado, que puede manifestarse de múltiples formas, como tonterías inoportunas, inquietud inesperada, conductas de agresión, falta de cuidados de uno mismo, etc. También pueden aparecer comportamientos catatónicos, que consisten en alteraciones del habla y motoras por exceso o por defecto en la reactividad motora o en posturas corporales extrañas y rígidas. Pero las alteraciones del habla y motoras aparecen frecuentemente en otros cuadros típicamente infantiles.
Los síntomas negativos también aparecen en los niños, por ejemplo en forma de poca expresividad y resonancia afectiva, pobreza del lenguaje, con poca expresión tanto en forma como de contenido en el lenguaje, aislamiento, inhabilidad para establecer y mantener relaciones. Así como los síntomas motivacionales, anhedonia, abulia y apatía. Es decir, la sintomatología de la esquizofrenia infantil es similar a la que aparece en los casos adultos.
Estos niños suelen presentar por tanto un importante deterioro en el funcionamiento propio a la edad correspondiente del niño.


EPIDEMIOLOGÍA
Suele ser muy poco frecuente, antes de los 5 años por debajo de la prevalencia del autismo. Y progresivamente va aumentando, principalmente al llegar a la adolescencia hasta alcanzar el 1% que es la planteada para los adultos. De pequeños la prevalencia parece ser mayor para varones, equilibrándose al llegar a la pubertad.


CURSO
Similar a como ocurre en los adultos, puede aparecer en forma repentina tras un brote psicótico, o de forma gradual. pero generalmente las que se inician antes de la adolescencia, sobre los 12-13 años, suelen iniciarse de forma insidiosa precediendo los síntomas negativos sobre los positivos. Estos síntomas negativos suelen consistir en retrasos y/o aberraciones de las funciones del lenguaje, motoras, sensoriales y cognitivas, así como un importante retraimiento social, problemas escolares y personalidad “extraña”.
Conforme el niño va creciendo, van apareciendo más frecuentemente síntomas positivos, que al principio tienden a ser muy simples, para ir evolucionando a una mayor complejidad y sistematización (en relación con el nivel cognitivo y socioemocional del niño).
Cuando aparece en la adolescencia se parece más a la que aparece en adultos ( a partir de un brote psicótico), pero en estos casos suele haber antecedentes de problemas de atención, motores y perceptuales, amén de otras dificultades como timidez, cambios de humor y conductas agresivas.
En cuanto al pronóstico es similar al de los adultos, aproximadamente una tercera parte se recobran, otro tercio tienen un deterioro y la otra tercera parte presentan un grave deterioro.


TRATAMIENTO
Se asemejan a los empleados con adultos.

  • Farmacológico: Los antipsicóticos tienen menos efectividad que en el caso de los adultos, y suelen presentar importantes síntomas secundarios, por lo que hay que tener un especial cuidado al tratar a los niños. Se ha informado de una mayor eficacia de la clozapina, que pertenece a la nueva generación de antipsicóticos que actúan sobre la serotonina en forma de antagonista.
  • Tratamiento conductual: Este modelo se centra en las conductas, intentando reducir las desadaptativas y enseñando o fomentando las adaptativas. Así, se emplean intervenciones operantes para fomentar conductas de autocuidado y otros hábitos de la vida cotidiana, con el objetivo de que los propios niños puedan llevar una vida lo más normalizada posible. El tratamiento de este trastorno es similar al de los adultos, con las adecuadas adaptaciones a la edad y circunstancia del niño y su familia. Por lo que el tratamiento de elección además de la intervención psicofarmacológica consiste en la psicoterapia familiar y la rehabilitación psicosocial. En este tipo de intervenciones, destacan la enseñanza de habilidades escolares y evolutivas, así como el entrenamiento en habilidades sociales y de resolución de problemas tanto para el niño como para su familia.
Psicología clínica infantil. CEDE.
El equipo de Psycospirity

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *