Vivimos en una cultura de la
droga, desde
la mañana cuando tomamos cafeína
o tefilina, al desayuno, hasta la noche, en que podemos
relajarnos al volver a la casa, con un aperitivo
alcohólico, o un inductor del sueño con un
somnífero, recetado por el medico, estamos utilizando
diferentes sustancias, que afectan sobre el Sistema Nervioso
Central.

El problema de las drogas es cada vez mayor y su consumo ha dejado de considerarse para los grupos marginales. Cada vez hay más facilidad de conseguir sustancias ilegales.

La drogadicción es una enfermedad que tiene su origen en el cerebro, su carácter es crónico y puede presentar recurrentes recaídas a lo largo del tratamiento.
Se considera droga a cualquier sustancia que es capaz de modificar los circuitos cerebrales
hasta el punto de crear una necesidad física y psicológica, y que tiene
efectos nocivos en el organismo. Existen drogas legalizadas, como el alcohol y la nicotina; y drogas cuyo uso no está permitido: cocaína, cannabis, opiáceos como la heronína, y drogas sintéticas (sustancias que no están en la naturaleza), como la metanfetamina o el éxtasis.

¿Cómo actúan las drogas en el cerebro?
La clave de la dependencia de sustancias reside en la segregación de neurotransmisores en el cerebro, como la dopamina, que son los responsables de sensaciones de placer y bienestar.
 Las drogas alteran el sistema dopaminérgico del cerebro, causando una
gran sensación de placer para después producir un bajón intenso. Lo que
hacen en realidad es disminuir los receptores de dopamina. Por ello, cuanto más se consume, más tiempo tardan los niveles de dopamina en subir de nuevo,
por lo que el individuo necesitará cada vez más cantidad y frecuencia
de la misma sustancia. El consumidor acaba necesitando las drogas para
sentirse “normal”.
En un caso de drogodependencia, la persona deja de sentir placer ante actividades que antes le resultaban agradables, dado que su sistema dopaminérgico está tan alterado que el placer solo vuelve a aumentar si vuelve a consumir.
En la búsqueda de sensaciones placenteras, repetirá la conducta una y
otra vez, perdiendo la capacidad de tomar decisiones racionales. 
Uno de los efectos de las drogas es que interfieren en la relación entre la corteza frontal y la amígdala. Por tanto, se dificulta el proceso de toma racional de decisiones, de control de sentimientos y deseos, y de emitir juicios.
Esta es la razón por la cual bajo la influencia de alguna drogas las personas parecen más desinhibidas .Por ejemplo, una persona tímida, al beber alcohol se deshinibe y pierde esa timidez.

¿ Qué daños nos provoca en el organismo?

Además de modificar profundamente y a largo plazo la estructura del
cerebro, la exposición prolongada a las drogas produce otros cambios en el organismo muy peligrosos. Algunos pueden resultar mortales.

  • Algunas sustancias, como la cocaína, o la heroína, inhiben el centro
    respiratorio; la metanfetamina puede producir arritmias y fallos
    cardiacos. Todo ello aumenta el riesgo de muerte por sobredosis.
  • El cuerpo sometido a las drogas también puede sufrir un aumento de la temperatura corporal, en el caso del éxtasis, lo que se conoce como hipertermia. Puede ser mortal.
  • Reducen la fertilidad.
    Muchas drogas producen una disminución de la fertilidad tanto en
    hombres como en mujeres. El alcohol y el tabaco destruyen las células
    germinales en ambos sexos, y la marihuana disminuye la producción de
    espermatozoides.
  • Destruyen los tejidos. A largo plazo, las drogas
    pueden causar la muerte de células de algunos tejidos. Sustancias como
    la heroína o la cocaína, especialmente cuando son aspiradas por la
    nariz, se acumulan en los vasos sanguíneos, produciendo vasoconstricción.
    Este efecto vuelve rígidas a las venas y las obstruye, impidiendo la
    llegada de riego sanguíneo a tejidos y órganos. Por ello, muchas células de estructuras que rodean la nariz y la boca pueden morir, produciéndose la pérdida de tejido.
  • Otras drogas pueden producir enfermedades asociadas a su consumo.
    El abuso del alcohol se asocia, además, con problemas de hígado,
    estómago y varios tipos de cáncer. La nicotina, por su parte, es un
    factor de riesgo en el desarrollo de cáncer de pulmón, cáncer de la
    cavidad orofaríngea y Enfermedad Obstructiva Crónica (EPOC).

Tratamiento 

Existen varios enfoques con base científica para tratar la drogadicción.
El tratamiento para la drogadicción puede incluir terapia de la
conducta (como terapia individual o de grupo, terapia cognitiva o manejo
de contingencias), medicamentos o una combinación de ellos. El tipo
específico de tratamiento o la combinación de tratamientos varía según
las necesidades individuales del paciente y, con frecuencia, según el
tipo o los tipos de drogas que use. La gravedad de la adicción y los
intentos anteriores para dejar de consumir drogas también pueden influir
en el enfoque del tratamiento. Finalmente, los adictos suelen sufrir de
otros problemas de salud (incluyendo otros trastornos mentales),
ocupacionales, legales, familiares y sociales, los cuales deben tratarse
de forma concurrente.

Los mejores programas de tratamiento ofrecen una combinación de terapias
y otros servicios para satisfacer las necesidades individuales de cada
paciente.

Hay medicamentos, como la metadona, la buprenorfina y la naltrexona, que
se usan para tratar a personas adictas a las sustancias opioides,
mientras que para los adictos al tabaco existen preparados de nicotina
(parches, chicles, pastillas y vaporizador nasal) además de los
medicamentos vareniclina y bupropión. El disulfiram, el acamprosato y la
naltrexona son medicamentos usados para tratar la dependencia al
alcohol, la cual se presenta comúnmente junto con otras drogadicciones.  


Las terapias de la conducta pueden ayudar a motivar a los toxicómanos a
participar en el tratamiento para las drogas, ofrecen estrategias para
afrontar el deseo de consumirlas, enseñan maneras de evitar las drogas y
prevenir las recaídas, y ayudan en el manejo de las recaídas en caso de
que éstas ocurran. Las terapias de la conducta también pueden ayudar a
mejorar las destrezas de comunicación, las relaciones interpersonales y
la crianza de hijos, así como la dinámica familiar.

 Mª carmen Martínez
Fuentes:
El equipo de Psycospirity

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