Como cualquier teoría, la TMR tiene un marco filosófico,
que en este caso es el Contextualismo Funcional, que
confluye con el Conductismo Radical de Skinner y el Interconductismo
de Kantor. Muy brevemente, se conceptúa el análisis psicológico considerando
al organismo como un todo siempre en acción
donde priman las funciones que controlan el comportamiento.
Es una posición monista, no mentalista,
funcional, no reduccionista, e ideográfica.
Defiende que
los eventos privados (como contenidos y esquemas cognitivos,
cuales fueren) se conforman en la historia individual,
y que las relaciones entre eventos privados y
acciones del organismo (la regulación verbal del comportamiento) responden a relaciones arbitrarias potenciadas
socialmente y no a relaciones mecánicas.

Desde
esta filosofía, el criterio de validez de cualquier teoría
será que sea efectiva
,
útil para un objetivo (un énfasis típico en las disciplinas científicas) pero no sólo para predecir,
sino para controlar o influir, propiciando las
condiciones que permitan la prevención y el cambio o
alteración del comportamiento.
La Teoría del Marco Relacional es una continuación de
las leyes establecidas en la investigación bajo el paraguas
del análisis funcional del comportamiento, pero supone
un avance cualitativo. Es una teoría dirigida al
análisis funcional del lenguaje y la cognición,
aspectos
que apenas habían sido analizados previamente a nivel
experimental en un plano analítico-funcional. En este
sentido, no es una ruptura, sino una continuación que
amplía el conocimiento disponible sobre la emergencia
de nuevos comportamientos, ya que propone leyes que
establecen las condiciones para la formación y la alteración
de funciones, vía procedimientos indirectos, frente a
los conocidos y bien establecidos procedimientos directos
del manejo de contingencias para el establecimiento
y cambio de funciones reforzantes, aversivas, motivacionales,
y discriminativas de aproximación y evitación. La
TMR contempla el efecto de las contingencias, pero su
foco de análisis es el lenguaje y la cognición concebidos
como aprendizaje relacional. Se mantiene que el aprendizaje
relacional es una respuesta operante que consiste
en aprender, desde muy temprano y a través de numerosos
ejemplos, a relacionar eventos condicionalmente
hasta que se produce la abstracción de la clave contextual
que los relaciona y se aplica a eventos nuevos distintos
a los que permitieron la abstracción.
Esto permite:
 (1)
que el organismo responda, sobre la base de la clave
abstraída, a un evento en términos de otro con el que no
comparte elementos físicos en común, y
 (2) que las funciones
del primero se transformen en base a la aplicación
de la clave abstraída en relación con el segundo.
Por ejemplo, una vez establecido el más básico de los
repertorios relacionales, la abstracción de la clave contextual
“es”, o “es como”, o “es igual que”, si nos enseñan que contando cuentos MARIA es igual que PEDRO y
nos gusta mucho cómo PEDRO cuenta los cuentos, en
ausencia de éste, podríamos pedir a MARIA que nos
contase un cuento (o dicho de otra manera, respondemos
a María como responderíamos a Pedro). Si además
nos dicen que PAULA es “mejor que” María y Pedro, y
tuviéramos que elegir a uno de los tres para contar cuentos,
probablemente elegiríamos a Paula, aunque no tuviéramos
experiencia con ella. Decimos que, en el ámbito
de los cuentos, María está en una relación de
igualdad (que denominamos Crel) con Pedro, y que ambos
están en una relación de comparación (otra Crel)
con Paula y, por tanto, las funciones (que denominamos
Cfun) de cada uno de ellos se alteran (aunque de modo
distinto según la Crel) tras la sola experiencia con Pedro
como buen contador de cuentos.

Las claves relacionales
que aprendemos son numerosas y permiten numerosas
transformaciones de funciones teniendo en cuenta que
siempre son contextuales. Las más básicas serían las de
coordinación/igualdad (“X es como Z en ciertas condiciones”),
las de comparación
(“en ciertas condiciones, X
es más que Z, o Z menos que X”), de oposición (“en ciertas
condiciones, X es lo opuesto de Z”), de distinción (“X
es distinto a Z”), espaciales (“X está cerca de Z, o lejos
”); temporales (“X es antes de Z, o después, o ahora”),
de jerarquía (“X pertenece a Z”); de causalidad (“si X
ocurre, entonces o luego ocurre Z”); deícticos y de perspectiva
(aquí-allí, yo-tú, y aquí-yo versus allí-tú; yo-aquí-
ahora y yo-allí-antes, etcétera).
Las características del aprendizaje relacional implican derivación
de relaciones y funciones nuevas. Por ejemplo, si
se aprende que el producto PU es como CO, y que RA es
como CO, y que DI es como PU (tres relaciones básicas explícitamente
aprendidas), entonces se deriva que CO y PU
son iguales (CO-PU), y también CO-RA, y PU-DI (se denominan
relaciones derivadas de vínculo mutuo), surgiendo
otras relaciones de vínculo combinatorio: por ejemplo, PURA
y DI-RA y DI-CO. Si además, resulta que con el producto
PU se produce un efecto aversivo (en vez de curar una
enfermedad, la agudiza), entonces ninguno de los productos
relacionados a PU se verían útiles para tratar esa enfermedad.
Las funciones aversivas y discriminativas de
evitación de esos productos, para ese tipo de circunstancias,
se habrían generado vía verbal o relacional en tanto
que procederían de: la función aversiva (Cfun) directamente
adquirida por PU y el contexto relacional que vincula todos
los elementos (en este caso, una Crel de tipo ES).
Responder a un estímulo en términos de otro, y la transformación
de funciones paralela, es clave para entender el sufrimiento
más acuciante de los seres verbales. Por ejemplo,
aprendidos los marcos de comparación, los temporales, y
deícticos, ya no es posible escapar a la transformación de
funciones que ocurre al comparar los eventos -y uno mismo-
en el antes, en el ahora y en el futuro simbólico.
El
miedo al futuro, por ejemplo, es un producto derivado de
LA TERAPIA DE ACEPTACIÓN Y COMPROMISO (ACT)
. La historia personal cuya emergencia en un momento dado
no está bajo control del individuo; lo que sí es posible controlar
es la reacción personal a ese miedo.
Estas características del aprendizaje relacional tienen ventajas
e inconvenientes.
Por ejemplo,

  • permiten la derivación
    de recuerdos positivos pero también de los negativos; 
  • permiten
    comprender, razonar, y derivar conclusiones que nos
    hacen ser exitosos en el control del ambiente, pero también
    aquellas que regulan acciones con efectos peligrosos y desadaptativos. 
  • También explican que se deriven estados de
    ánimo -y motivaciones- y que cambien “sin aparente razón”, 
  • que podamos pensar en positivo de alguien o algo,
    o cambiar la valoración de alguien o algo, sin haber tenido
    experiencia alguna que lo justifique. 

El aprendizaje relacional
es la base que nutre la publicidad, la política, los
métodos clínicos, y otras muchas actividades humanas
que
están orientadas a actualizar y alterar funciones psicológicas
vía verbal. Y es esencialmente relevante por su economía,
ya que con escasas contingencias se producen nuevas
relaciones y se forman y alteran funciones. Y principalmente,
porque sin un relativo aprendizaje relacional, no es factible
la regulación verbal del comportamiento (formular,
comprender y seguir reglas).
La TMR diferencia funcionalmente tres tipos de regulación
del comportamiento: pliance, tracking y augmenting.

  • La regulación, o comportamiento, tipo pliance está controlada
    por una historia de reforzamiento en la que las
    consecuencias relevantes son mediadas por otros. Un repertorio
    generalizado de regulación pliance es limitante
    en tanto que genera una dependencia extrema de los
    otros y produce insensibilidad a las consecuencias que
    emanan de las acciones. 
  • La regulación tipo tracking está
    controlada por una historia de reforzamiento donde han
    primado las consecuencias que emanan directamente de
    la forma de la acción efectuada (por ejemplo, cepillarse
    los dientes bajo el control del sabor o el efecto que produce
    el cepillo sobre los dientes en vez de por los premios
    o castigos que otros propicien). Un repertorio de tracking
    generalizado, o aplicado a áreas en las que no puede
    funcionar, es problemático (por ejemplo, actuar siguiendo
    las reglas “no quiero estar triste” o “no pienses en estar
    triste”). 
  • El comportamiento tipo augmenting sería
    regulación bajo el control de funciones transformadas de
    estímulo. Por ejemplo, si la conducta de estudiar se incrementa
    después de situar el estudio en un marco temporal
    y de condicionalidad con aspectos valorados (“el título es
    –significa, me permite- ser independiente o ejercer una
    profesión que sirva para X”, y “el título es estudiar hoy y
    cada una de las asignaturas”), decimos que esa conducta
    es un augmenting que ocurre porque estudiar ha adquirido
    funciones reforzantes vía verbal. La regulación augmenting
    puede tener numerosas posibilidades; unas que
    permiten a la persona ajustarse a la vida realizando acciones
    por el valor moral y/o de transcendencia (actuar a
    pesar del dolor, o actuar por principios morales que van
    más allá de las contingencias que los cercanos puedan
    proporcionar, etc.). Pero también puede resultar en una
    regulación problemática en tanto que la acción tenga
    una consecuencia reforzante inmediata pero genere un
    desajuste respecto de las contingencias de la vida a la
    larga. Por ejemplo, si la tristeza se sitúa en un marco de
    oposición con la vida (“la tristeza y los pensamientos negativos
    son malos, con ellos no se puede vivir”), y ocurre
    que en ciertas circunstancias, se deriva malestar y pensamientos
    negativos; entonces, la tristeza y el malestar de
    sus pensamientos se intensificarán y podrá cumplir funciones
    discriminativas de evitación. Tal intensificación
    vendría dada al situar el malestar/pensamientos negativos
    en contraposición temporal a las acciones valiosas
    (con función simbólica positiva), ya que la transformación
    de funciones a través del marco de oposición convierte lo
    positivo en negativo y -como un efecto sumador- incrementa
    el valor negativo que ya pudiere tener la tristeza.
    Consecuentemente, en ausencia de un nuevo marco que
    contextualizase todos esos elementos, la persona emprenderá
    acciones para evitar/escapar de tal estado de ánimo. 

Ésta es la regulación que define el patrón de
evitación experiencial cuya persistencia puede llegar a
ser destructiva si produce una limitación en la vida personal,
pudiendo llegar a la evitación total: el suicidio.
En síntesis. La investigación en la TMR afecta a la mayoría
de las actividades humanas y necesariamente concierne
a la psicopatología y las terapias psicológicas.
Resaltamos: (1) establecimiento de numerosos
marcos contextuales o relaciones entre estímulos
como operantes generalizadas y sus características derivadas;
(2) derivación de relaciones (por vínculos mutuos
y combinatorios) y transfomación de funciones –o sea,
formación y alteración vía verbal de funciones aversivas,
reforzantes y discriminativas; (3) el funcionamiento por
adición de la red relacional y los efectos rebote ante
cambios directos; (4) la resurgencia de los eventos relacionados; (5) el establecimiento y alteración de regulaciones
del comportamiento tipo pliance, tracking y augmenting
y la insensibilidad a contingencias; (7) y el
análisis de múltiples relaciones contextualizadas entre
estímulos, y la correspondiente derivación o transformación
de funciones.

Todo ello permite un amplio abanico
de aplicaciones para el análisis de numerosos fenómenos
complejos. Por ejemplo, la comprensión, el razonamiento
analógico, la solución de problemas,
auto-eficacia, locus de control, abstracción del pensamiento,
categorización social, auto-concepto, actitudes,
estereotipos y estigmas, discriminación de funciones emotivas
y del estado de ánimo, pensamiento, entre otros.


Anaís Martínez Jimeno.

El equipo de Psycospirity

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