La madre tóxica es una mujer que ha llegado a la maternidad por caminos
poco deseables, por convencionalismos, porque así estaba diseñado su
guion de vida, porque eso es lo que de ellas se esperaba. Renegar de la
maternidad o simplemente ejercer el derecho a no serlo, no era, ni es,
algo aprobado por la sociedad. Aquellas mujeres que han decidido libre y
abiertamente no ser madres han sido miradas con recelo y suspicacia por
la mayoría de su entorno. Siempre. Incluso ahora. Hablamos de una
minoría valiente y coherente que decidió por sí misma cual era su
voluntad y su camino. Muchas otras sin embargo, aceptaron gestar, parir y
criar como algo inevitable. No es tan extraño entender, que algunas de
aquellas hijas, no solo no fueran amadas incondicionalmente, sino
percibidas como una molestia, un obstáculo, una rival e incluso una
proyección de aquello que ellas hubieran querido ser.

Muchas madres no se comportan de forma tóxica
a propósito. En ocasiones las causas de ese comportamiento se hallan en
la infancia que ellas mismas tuvieron. Cuando profundizamos un poco en
su historia, encontramos que durante su niñez fueron controladas en
exceso por sus progenitores o que estos las humillaban, maltrataban o se
mostraban distantes emocionalmente.

Como tenemos la tendencia a imitar el estilo educativo con el que
crecimos, la historia se repite otra vez, pero en esta ocasión la
víctima se convierte en verdugo. Se trata de un ciclo en el que la madre
pone en práctica las formas de educar y amar que le inculcaron en su
niñez, porque son las únicas que conoce.
En otros casos, las conductas de las madres tóxicas se deben simplemente a determinados rasgos de su personalidad
Se trata en la mayoría de los casos de mujeres muy narcisistas o
infantilizadas, que nunca asumieron el papel de madre y que siguen
filtrando el mundo a través de su necesidad y su deseo.

Hay diferentes formas de madres tóxicas, pero todas incluyen la culpa,
la manipulación, la crítica cruel, la humillación, la falta de empatía,
el egocentrismo puro. Son madres que hacen saber a sus hijas que no
están a la altura de lo que se espera de ellas, envidian sus éxitos,
recelan su necesidad de independencia, rivalizan con ellas en un
patológico escenario vital donde la víctima ni siquiera sabe que lo es.
 Algunas de las características de estas mujeres son:

1. Personalidad insegura

En ocasiones, en una madre tóxica suele esconderse una clara falta de autoestima y autosuficiencia
que les obliga a ver en sus hijos “esa tabla de salvación” a la cual
modelar y controlar para tener siempre a su lado, para que cubran sus
carencias.
El ver por ejemplo que sus hijos empiezan a ser
autónomos, que ya no las necesitan tanto y que poco a poco son capaces
de hacer su vida, supone para ellas una gran ansiedad,
puesto que temen ante todo quedarse solas. De ahí que sean capaces de
desplegar “hábiles artimañas”, para seguir teniéndoles cerca e incluso
justificarles que debe ser así, y un modo de hacerlo es proyectando en
los niños desde el inicio su misma falta de autoestima, y su misma
inseguridad.

2. Obsesión por el control

La necesidad que tienen
las madres tóxicas por tener controlado cada aspecto de sus vidas, hace
que acaben haciendo lo mismo en la vida de sus hijos. No son
capaces de ver los límites. Para ellas, control es sinónimo de
seguridad, de algo inmanente que no cambia, y lo que no cambia es bueno
porque les hace sentir bien.
Lo complicado de esta dimensión es que las madres tóxicas suelen ejercer el control pensando que con ello, hacen el bien y que así demuestran amor por los demás. “Yo
te hago la vida fácil controlando tus cosas para que seas feliz”, “Yo
solo quiero lo mejor para ti, y por ello evito que puedas equivocarte”…

Impedimos con ello que los niños sean autónomos, capaces y valientes. Y aún más, que aprendan de sus errores.

3. La proyección de los deseos incumplidos

“Quiero
que consigas lo que yo no tuve”, “No quiero que caigas en mis mismos
errores”, “Quiero que llegues a ser aquello que yo no puede conseguir”
.
En ocasiones las
madres tóxicas proyectan en sus hijos los deseos incumplidos de su
propio pasado,
sin preguntar si quiera qué es lo que ellos desean,
sin darles opción a elegir, pensando que con ello, les demuestran un
amor incondicional, cuando en realidad, es un falso amor.

Los 5 tipos de madres tóxicas más peligrosas

1. Desdeñosa. Se trata de madres que optan por ignorar los logros
de sus hijos. Si estos hacen algo por hacerla sentir orgullosa,
simplemente hacen caso omiso del esfuerzo, intentan minimizarlo o lo dan
por descontado. Por ejemplo, si el hijo llega con un regalo, en vez de
agradecérselo, se limitan a decirle que era su deber.
Como resultado, las personas que han tenido una madre así se
convierten en adultos que dudan de sus necesidades emocionales, se
sienten indignos de atención y tienen una profunda necesidad de ser
amados y validados.
2. Controladora. Estas madres se niegan a reconocer que sus hijos
son una persona independiente, con una personalidad propia y capacidad
para tomar decisiones. Básicamente, el hijo se convierte en una
extensión de ellas mismas, y debe estar dispuesto a hacer todo lo que
ella desee. Estas madres pretenden controlar cada aspecto de la vida de
sus hijos.
El resultado de ese control excesivo suele ser una persona terriblemente
insegura, que vive con una sensación de impotencia perenne, debido a que le inculcaron que no sabría hacer nada sin la aprobación de los demás.
3. Inaccesible. Las madres distantes emocionalmente están
presentes físicamente y le proporcionan a su hijo los cuidados que
necesita pero no le brindan afecto. Se trata de madres inaccesibles,
desconectadas emocionalmente, que no responden con empatía a las
emociones de sus hijos bridándoles la confianza y la seguridad que
necesitan para crecer.
Estos comportamientos generan malestar y
confusión.Por eso, estas personas pueden tener problemas para lidiar con el
fracaso y las decepciones, así como sentirse culpables por ser felices y
agobiarse con responsabilidades para compensar la ausencia emocional.
4. Envidiosa. Se trata de madres que denigran activamente a sus
hijos y son hipercríticas ya que sienten celos de los logros de estos.
El problema es que ven a sus hijos como rivales, por lo que les declaran
la guerra, de forma abierta o encubierta. Generalmente recurren a armas
como la culpa y la vergüenza. En vez de reforzar la confianza del niño e
inspirar su potencial, piensan que es injusto que tengan éxito cuando
ellas no lo han tenido. Como resultado, intentan aplastar sus victorias,
haciéndoles sentir mal o culpándoles por su propio fracaso.
  Las personas que han crecido con una madre así suelen tener
una autoestima muy baja y a menudo se sienten culpables, incluso por
cosas que no dependen de ellos. También suelen sentir que son indignos
de cualquier logro, por lo que intentarán quitarse méritos.
5. Narcisista. Se trata de madres que están muy preocupadas por
las apariencias y las opiniones de los demás, que mantienen una conexión
superficial con sus hijos porque están demasiado centradas en sí
mismas. Vistas desde fuera, pueden parecer madres modelos, pero lo
cierto es que sus hijos se convierten en una auténtica Cenicienta.
Este tipo de comportamientos es muy desconcertante ya que los niños
esperan que sus madres les brinden apoyo pero, en vez de eso, se
encuentran subordinados a su ego, sometidos a una gran presión.. Estas personas, al llegar a la
adultez, terminan viviendo con miedo a que sus palabras o actos puedan
ofender a otros y a menudo establecen estándares demasiado altos para sí
mismos, que generan una tensión innecesaria en sus vidas.
El hecho de que una madre tenga comportamientos tóxicos no significa que
no ame a sus hijos, sino que no sabe cómo relacionarse de una forma
asertiva y empática con ellos. Por eso, es importante que aprendas a
lidiar con este problema. ¿Cómo hacerlo?
– Rompe el ciclo de la toxicidad. Cuando te percates de que tu
madre muestra comportamientos tóxicos, ponle freno. Hazle saber que eres lo suficientemente mayor como para
tomar tus propias decisiones, que ella puede opinar pero no decidir por
ti ni anteponer continuamente sus necesidades a las tuyas.
– Establece límites claros. Establece cierta distancia, que puede
ser económica, emocional o comunicacional. La idea es que delimites un
territorio propio en el que solo tú tengas acceso. De esta manera
estarás bloqueando el exceso de control y la manipulación, le
demostrarás que necesitas y estás dispuesto a alcanzar tu independencia y
privacidad, porque no eres una mera extensión de ella.
MªCarmen Martínez 

El equipo de Psycospirity

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