El mutismo selectivo es un problema de inhibición del habla
que suele tener su inicio en la etapa preescolar. El trastorno se caracteriza
porque el sujeto, pese a tener la capacidad del habla conservada, inhibe
selectivamente la respuesta verbal delante de determinadas situaciones sociales
o lo restringe a ciertas personas “de confianza” de su entorno familiar
(normalmente padres y hermanos).

En algunas ocasiones, el mutismo puede iniciarse
progresivamente como consecuencia de una timidez extrema o también a partir de
alguna situación estresante (hospitalización, cambio de residencia, ciudad,
etc.). Sea como fuere, el mutismo selectivo puede resultar altamente
incapacitante tanto en el terreno educativo como en el social para los niños
que lo padecen y siempre representa un problema a tratar.
Algunos de ellos disfrutan activamente del contacto con los
demás y juegan sin mayores problemas, sin embargo, permanecen en silencio. Hay
otros que desarrollan con el amigo más cercano estrategias de comunicación
alternativa (signos, miradas, gestos, etc.). Hay también otro grupo que
considera la mayor parte de las interacciones sociales incomodas y no
participan en absoluto. Por tanto, estamos delante un mismo trastorno que puede
tomar diferentes niveles de expresión y afectación social.

Algunos estudios parecen avalar la hipótesis de una posible
relación entre mutismo selectivo en la niñez con fobia social en la etapa
adulta, lo que les lleva a plantear una misma base común que tomaría formas
diferentes. Esta base la constituirían factores de tipo ansiógeno ante
situaciones sociales. No obstante, siguiendo a algunos autores (J.Olivares;
F.X.Mendez; R.M.Bermejo
), parece razonable considerar que el mutismo selectivo
y la fobia social pueden compartir el supuesto de estar definidos por patrones
de respuestas de ansiedad y, en este sentido, constituir el primero un factor
de vulnerabilidad en relación con el segundo en determinadas circunstancias, pero
sin olvidar que entre ambos existen notables diferencias tanto en el contexto
evolutivo como en relación con el sistema cognitivo.
Criterios DSM-IV-TR:
A)           Incapacidad
persistente para hablar en situaciones sociales específicas (en las que se
espera que hable, como, por ejemplo, en la escuela) a pesar de hablar en otras
situaciones.
B)           La
perturbación interfiere con el rendimiento escolar o laboral o con la
comunicación social.
C)           La
duración de la perturbación es de por lo menos un mes (no se limita al primer
mes de la escuela).
D)           La
incapacidad para hablar no se debe a una falta de conocimiento de, o a no
encontrarse cómodo con, el lenguaje requerido en la situación social.
E)            La
perturbación no se explica mejor por la presencia de un trastorno de la comunicación
(por ejemplo, tartamudeo) y no aparece exclusivamente durante el curso de un
trastorno generalizado del desarrollo, esquizofrenia u otro trastorno
psicótico.

Epidemiología:
El Mutismo selectivo, según diferentes estudios
epidemiológicos, sitúan el número de afectados en la escuela primaria en un
porcentaje del 1% o menos de la población total. Por tanto estaríamos delante
de uno de los trastornos denominados “raros”.

La mayoría de investigaciones apuntan a una mayor incidencia
en la población femenina (1,2-1,6 a 1). Sin embargo, hay discrepancias con
otros estudios epidemiológicos. Estas diferencias se explicarían dado que la
frecuencia de ocurrencia parece depender tanto de la edad de los sujetos de las
muestras como de la delimitación y operacionalización del problema.

Características del trastorno:
los niños que la padecen suelen haber manifestado con
anterioridad algún tipo de ansiedad ante situaciones sociales. Con frecuencia
su historia incluye un periodo de desarrollo del lenguaje normal y apropiado en
el hogar pero con restricciones cuando están en la presencia de personas
desconocidas o con las que se encuentran en pocas ocasiones.

Muchos de estos niños han mostrado, en algún momento de su
desarrollo, formas leves o moderadas de ansiedad de separación. También timidez
excesiva, aislamiento y retraimiento social, negativismo, tartamudeo, enuresis
y conducta oposicionista o manipuladora en el hogar.

Hay que destacar que, en algunos casos, el inicio del
problema se da a edades tempranas como consecuencia de los factores antes
señalados de timidez o ansiedad. No obstante, el problema puede prolongarse más
allá de la edad de inicio debido, también, a factores familiares como un exceso
de protección y la acomodación a sistemas alternativos no verbales que se
consolidan.
Igualmente. una excesiva atención a estos comportamientos
silenciosos por parte de los padres o algunos familiares pueden reforzar en el
niño dichas conductas al obtener una atención “extra”. Esto puede ser
especialmente cierto cuando además se dan circunstancias especiales de tipo
afectivo como puede ser la presencia de un hermano más pequeño (celos y
necesidad de tener más protagonismo).

En definitiva, el mutismo selectivo sería el resultado de la
presencia de diferentes factores empezando por una vulnerabilidad de tipo
ansiógeno delante situaciones sociales pero también de factores afectivos,
conductuales y familiares que podrían prolongar en el tiempo el trastorno. Todo
ello hace necesario un exhaustivo estudio previo de todas estas variables para
intentar descifrar el origen y mantenimiento del trastorno.

Modelos explicativos

Se han propuesto diferentes variables explicativas que
pueden estar en la base del mutismo selectivo y que se engloban en uno u otro
de los dos grandes modelos que se exponen a continuación.

En primer lugar, la perspectiva biologicista plantea la
hipótesis de que existe una base orgánica en la etiología del mutismo. Algunos
investigadores han hallado relaciones entre este trastorno y determinadas
alteraciones cromosómicas tales como el Síndrome X Frágil o la alteración en el
cromosoma 18. No obstante no se ha llegado a conclusiones definitivas y los
estudios sólo sugieren una posible relación pero, no queda probada ninguna
relación causa-efecto.

Parece más probado el hecho de una mayor presencia de
antecedentes de ansiedad, fobias y depresión en familiares directos del grupo de
sujetos con mutismo selectivo frente a grupos de control. Esto podría indicar
la presencia de ciertos factores de vulnerabilidad transmitidos genéticamente,
sin menoscabo de la influencia que puede ejercer en los niños la observación
directa de ciertos modelos familiares.

Desde la perspectiva psicológica, se asume el supuesto común
de que el mutismo selectivo es una respuesta aprendida, en cuya adquisición y
mantenimiento pueden intervenir procesos de condicionamiento directo (clásico y
operante) y procesos de aprendizaje vicario y/o de transmisión de la
información, con independencia de que esas explicaciones puedan tener en
cuenta, además, variables biológicas.

Intervención y tratamiento
El tratamiento del mutismo selectivo comprende una serie de
actuaciones que deben afrontar al menos tres problemas básicos que suelen darse
paralelamente al mutismo propiamente dicho:
a) La alta ansiedad presente en el niño ante determinadas
situaciones sociales.
b) La limitada experiencia que ha tenido el niño de hablar
con personas ajenas a su núcleo familiar.
c) La presencia, en un grado u otro, de apoyo para la
comunicación no verbal fomentada por personas de su entorno.

En general, se admite la eficacia del tratamiento conductual
del mutismo selectivo cuando el sujeto todavía habla a una o más personas
(normalmente padres y hermanos). Las estrategias a seguir generalmente
conllevan la exposición del sujeto a las situaciones en las que éste inhibe el
habla.

En el Child Study Center de la Universidad de New York
(Centro para la investigación, prevención y tratamiento de niños y adolescentes
los trastornos psiquiátricos y de aprendizaje) se han utilizado un conjunto de
estrategias cognitivo-conductuales y de terapia del comportamiento
(Psicoeducación) que han demostrado su utilidad.

El plan seguido consiste primero en una evaluación
exhaustiva del desarrollo del niño y su historia psicosocial. A continuación se
expone a los padres y otros cuidadores las causas que pueden estar en el origen
del problema. Las diferentes personas involucradas en la educación del niño
deben saber lo que hay que hacer y lo que hay que evitar para atacar el
trastorno.
Hay también que describir los objetivos del tratamiento y
las diferentes etapas intermedias para involucrar a todos en un esfuerzo de
colaboración.
Al niño se le somete a una intervención multicomponente a
medida y que comprende algunas de las siguientes técnicas:

Técnicas para reducir la ansiedad

Cualquiera de las técnicas habituales puede ayudarnos
(desensibilización, relajación, imaginación guiada, etc.).

Exposición graduada a las situaciones temidas

Normalmente los niños son informados que primero tendrán que
hablar con personas de su entorno próximo con las que están familiarizadas para
posteriormente seguir haciéndolo pero ante la presencia de otras personas. De
lo que se trata es de establecer una gradación desde el nivel actual de
funcionamiento del niño (por ejemplo hablar con su madre a solas) para ir aumentando
la exposición gradualmente a situaciones más ansiógenas (por ejemplo hablar con
su madre ante la presencia del terapeuta, luego con el terapeuta a solas) y
progresivamente conseguir una generalización lo más extensa posible.

Modificación de conducta
El uso de recompensas y castigos (coste de la respuesta,
pérdidas de puntos, etc.) se introduce como medida de motivación hacia el
cambio. Las recompensas se incorporan cuando se logra alcanzar un determinado
nivel. También hay que supervisar los reforzadores sociales ante los avances
del niño.

Automodelado
El automodelado supone aportar un procedimiento en el que el
niño se observa a sí mismo actuando en el nivel más eficaz posible. Podemos
ayudarnos de cintas de video que los padres han grabado en casa, con su voz,
respondiendo a preguntas o explicando detalles de su entorno (juguetes
preferidos, etc.). Una vez en consulta estos videos son visualizados
conjuntamente por el niño y el terapeuta. Progresivamente se solicita que estas
grabaciones se den en diferentes ámbitos e incluso que los grabe el propio
niño. Así pueden registrarse en el patio de su casa y posteriormente en el
exterior con una breve descripción del lugar u objeto que graba. Con ello
también vamos trabajando la exposición a determinadas situaciones o lugares.

Utilización de grabaciones de audio y video.
En el automodelado hemos descrito una de las formas de
utilizar los dispositivos de grabación. Otra forma de utilizarlo consiste en
que una persona relevante con la que el niño no hable (por ejemplo: maestra)
formule mediante grabación algunas preguntas que luego el niño contestará por
el mismo medio. Este caso puede resultar especialmente útil para permitir a
otros niños de su escuela ser conscientes de que el niño con mutismo es capaz de
hablar, disminuyendo la ansiedad asociada a ser observado por los demás y
disipando sus miedos infundados respecto a una reacción negativa por parte de
sus compañeros si habla. Se recomienda utilizar este método para cuando se
desee generalizar desde el ambiente terapéutico a la escuela. No obstante cada
caso es diferente y puede requerir adaptaciones específicas.

Algunos autores aquí en España (Olivares, Mendez, Macià,
1993) han utilizado la técnica denominada Automodelado Gradual Filmado y
Trucado (AGFT) que persigue dos objetivos:
1) Establecer la comunicación verbal de los sujetos en el
contexto donde se inhibe el habla, con independencia del interlocutor y la
situación.
2) Sustituir la ausencia de interacción social por un
incremento de la relación interpersonal, de acuerdo con la edad del sujeto.

El AGFT consiste en la exposición del sujeto a una jerarquía
filmada de secuencias de automoldeamiento (previamente trucada) que progresa a
lo largo de cinco fases, que incluyen desde la respuesta monosilábica hasta el
comportamiento final deseado (preguntar y contestar espontáneamente a preguntas
realizadas al conjunto de los sujetos en situación grupal).

Reestructuración Cognitiva
Esta técnica cognitiva puede ser muy útil para trabajar y
reducir los pensamientos negativos, irracionales o exagerados que acompañan a
estos niños y como estrategia complementaria a las otras técnicas apuntadas.

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El equipo de Psycospirity

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