Hoy vamos a hablar sobre la inhibición, una forma de comportamiento NO asertivo caracterizado por la sumisión, pasividad, retraimiento y la tendencia a adaptarse excesivamente a las reglas externas o a los deseos de los demás, sin tener suficientemente en cuenta los propios intereses, sentimientos, derechos, opiniones y deseos.

Las personas inhibidas tienden a pensar,  sentir y actuar de forma contraproducente, como las siguientes:
  • No expresan adecuadamente lo que sienten y quieren; esperan que los demás lo adivinen, y se sienten mal cuando necesitan algo y los otros no les responden como desean. 
  • No se atreven a rechazar peticiones o se sienten culpables al hacerlo. 
  • Se dejan dominar por los demás porque creen que tienen razón o por temor a que se ofendan
  • Permiten que otros las involucren en situaciones que no son de su agrado.
  • Suelen callar o hablar con voz baja e insegura, mostrarse nerviosas y evitar el contacto ocular, mostrando así su incomodidad al relacionase con otras personas.
  • Piensan que necesitan ser apreciadas por todos y creen que, si dejan de mostrarse sumisas no obtendrán la aprobación de los demás, sin la cual se derrumba su frágil autoestima 
  • No se atreven a defender sus derechos porque no se respetan lo suficiente a sí mismas y tienden a creer que los derechos de los demás son más importantes que los suyos. 
  • Se sienten obligadas a dar demasiadas explicaciones acerca de lo que hacen o no hacen. 
  • Temen expresar sus sentimientos o deseos. Y , en ocasiones, están tan acostumbradas a reprimirlos que no llegan a darse cuenta de ellos. 
  • No afrontan los conflictos. 
  • No se sienten dueñas de sus sentimientos, experimentando de vez en cuando “explosiones emocionales” que escapan de su control. 
  • Les molesta ser dependientes de otras personas pero no se atreven a romper esa dependencia. 
  • Adaptan excesivamente su comportamiento a las reglas y caprichos de otras personas y a lo que creen que los demás esperan de ellas. 
Lange y Jakubowski afirman que muchas veces confundimos la cortesía con la inhibición. Por ejemplo, si nos forzamos demasiado a mostrarnos SIEMPRE corteses; si tememos excesivamente herir los sentimientos del otro; si pensamos que debemos ayudar a los demás, incluso cuando no lo necesitan o nos cuesta demasiado; Si creemos que no deberíamos tener ciertos sentimientos, como enfadarnos cuando nos tratan mal, o si sacrificamos intereses importantes, esperando que la otra persona también lo haga y sin expresárselo directamente. 

Una persona inhibida deja de ser fiel a sí misma para intentar adaptarse a lo que cree que desean los demás.

Consecuencias negativas de la inhibición:
Rodríguez y Serralde consideran que las personas inhibidas son como seres mutilados, porque se sienten insuficientes, creen tener mil razones para no actuar y viven la vida según las reglas y caprichos de los otros, sin saber de verdad quiénes son, qué sienten ni qué quieren.
Entre las consecuencias negativas que sufren estas personas, destacan las siguientes:

  • No son capaces de exponer sus pensamientos, opiniones y deseos, o los expresan de manera derrotista, con disculpas e inseguridad. 
  • Juzgan imposible la expresión de algunas emociones como el desagrado, la ira o la ternura, y a veces, ni siquiera se permiten sentirlas. 
  • No reconocen sus cualidades o potencialidades. Se creen inferiores aunque, en realidad, no lo sean y no luchan por conseguir objetivos que serían muy importantes para ellas, porque no se creen capaces de conseguirlos o porque no encajan con la visión que tienen de sí mismas. Esto las lleva a vivir una vida mediocre, muy por debajo de sus posibilidades. 
  • Suelen tener relaciones personales insatisfactorias, porque mantienen unos hábitos en su forma de pensar, sentir y actuar que las llevan a ser excesivamente resignadas, inhibidas, temerosas del rechazo y de la intimidad de los demás, e incapaces de defender sus derechos
  • Son víctimas de su falta de asertividad, pero no se dan cuenta de ello. Justifican su pasividad y su temor con excusas ” si le replico, mi jefe se ofenderá conmigo y me despedirá”: ” Si le pido a mi esposo que ayude a las tareas de la casa, no lo hará y se enfadará conmigo”; “si intento poner límites a la persona  que me maltrata, se enfurecerá y no sabré cómo reaccionar”…
  • Se inclinan humildemente ante los deseos de los otros y encierran los suyos en su interior, sin tenerlos en cuenta.
  • Su principal objetivo es apaciguar a los demás y evitar conflictos. El mensaje que comunican a nivel verbal y no verbal es: “yo no cuento”; “Puedes aprovecharte de mí”,; “Mis pensamientos y sentimientos no son importantes, solo lo son los tuyos”. 
  • Tienen problemas para relacionarse, ya que quienes las rodean se sienten incómodos, no entienden lo que quieren o lo malinterpretan, aumentando así los conflictos interpersonales.
  • Se sienten fácilmente ofendidas por lo que los demás dicen o hacen, pero les cuesta discriminar cuándo las explotan o rebajan, lo que también les impide defender adecuadamente sus intereses. 
  • Su comportamiento sumiso suele atraer a personas dominantes, acostumbradas a no respetar a los demás. Por tanto, en muchas ocasiones, los demás las tratan mal y les pierden el respeto. 
  • Sufren habitualmente emociones desagradables, como : frustración, bloqueo, inhibición, inseguridad, insatisfacción, ansiedad, depresión, culpabilidad, ira reprimida o resentimiento. Estas emociones negativas que experimentan de forma crónica, les impiden ser felices y pueden favorecer ciertas enfermedades, como explicamos en el artículo que relaciona este patrón de personalidad, llamado tipo C con el cáncer. 

Anaís Martínez Jimeno
Psicóloga Consultora
PsycoSpirity

El equipo de Psycospirity

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