Desde que nacemos empezamos a establecer relaciones con nuestro entorno y vamos aprendiendo a desarrollar unos comportamientos y unas actitudes hacia los otros buscando el reconocimiento, la atención, y el cariño de las personas que queremos, representadas principalmente por nuestros padres o cuidadores.
En este proceso que llamamos de socialización, adoptamos diversos comportamientos, sentimientos, o actitudes ante la vida. Algunos de éstos comportamientos y actitudes permanecen en nuestro inconsciente desde la más temprana infancia y fluyen como un proyecto predeterminado cuando establecemos una relación afectiva de adultos, es por ello que creemos de suma importancia descubrir cuales son estos esquemas que aprendimos de niños y sobre los cuales hoy basamos nuestras relaciones.

¿Cómo llegamos a ser como somos?

Para entender cómo y dónde hemos aprendido estas ideas erróneas de nuestra forma de relacionarnos con los demás hemos de hablar de:
Los factores socioculturales y Los modelos familiares y la conducta de apego.

FACTORES SOCIOCULTURALES:

La sociedad influye en nuestro comportamiento frente a las relaciones afectivas, enviándonos desde los medios de comunicación, sutiles mensajes que quedan grabados en nuestro interior.
Basta con ver la televisión, oir la música de todos los tiempos, ver los anuncios publicitarios y escuchar las conversaciones que se mantienen en el 99% de situaciones para oír ideas como que la felicidad viene de fuera (hemos de tener un buen coche, unos pantalones vaqueros de cierta marca, aroma de un carísimo perfume, para tener asegurado que encontraremos al hombre o a la mujer de nuestra vida). Las canciones están plagadas de quejas de alguien que necesita al otro para sentirse feliz: “sin ti no soy nada”, “si tu no estas aqui me falta el aire”, ” sin ti me muero”, etc… podríamos decir que estas son odas al amor destructivo.

LOS MODELOS FAMILIARES Y LA CONDUCTA DE APEGO:

Para entender el porque nos relacionamos de una manera determinada en la actualidad, debemos recurrir a nuestra historia de relación en la infancia e identificar nuestra estructura de vinculación o de apego.
Las influencias del medio familiar pueden abonar el terreno de las relaciones dependientes y a pesar de que estas influencias son, principalmente, no verbales, su fuerza resulta inmensa. Desde niños, observamos cómo solucionan los problemas nuestros adultos, buscamos un modelo, pero a veces nuestros padres no son el mejor modelo ( ya sea por la antigua educación o por sus propias socializaciones) ya que saben muy poco de como mantener unas relaciones sanas, y de cómo resolver problemas y de la importancia de la individualidad y de la autonomía, así es que admitamos que probablemente ellos no hayan sido los mejores maestros , pero porque no sabían otra forma de hacerlo.
Puede que en nuestra infancia hayamos vivido en el seno de una familia disfuncional donde hemos podido vivir serios problemas, o puede que haya habido problemas más sutiles, pero no por ello menos graves.  Veamos , a continuación, dos características relevantes en las familias de origen de las personas con dependencia afectiva:

  • INCAPACIDAD para tratar problemas que afecten al núcleo familiar:

Quizás en tu familia había algunos problemas que sí se discutían a menudo hasta el punto de saturación, pero había otros de los cuales nunca se hablaba, que se ocultaban y se encubrían, precisamente hoy sabemos que son esos “secretos de familia” los que realmente hacen de esta un modelo de familia disfuncional, es el grado de “secreto” o la incapacidad de hablar sobre los problemas, más que la severidad de los mismos, lo que define el grado de disfuncionalidad que adquiere la familia y la gravedad del daño provocado a sus miembros.
Si no hemos podido hablar sobre lo que nos afectaba en un momento determinado de nuestra vida, sobre nuestras experiencias, sentimientos, deseos, necesidades, ilusiones, fracasos, decisiones, etc… ni hemos podido dialogar sobre lo que afecta a la familia como grupo, es más, cuando tales temas nos han sido prohibidos de forma implícita (como si nadie hubiera escuchado se cambiaba de tema) o de forma explícita (¡aquí no se habla de eso!. ¡Tú a callar, que no tienes edad!), aprendemos a no creer en nuestras propias percepciones o sensaciones. Como nuestra familia esconde y no quiere ver la realidad, nosotros también comenzamos a negarla. Y eso deteriora severamente el desarrollo de nuestras habilidades para relacionarnos a nivel afectivo con los demás y deteriora nuestra capacidad para afrontar determinadas situaciones conflictivas que se nos pueden plantear a lo largo de nuestra vida, en el transcurso de nuestras relaciones.
Precisamente esto es lo que manifestamos como personas dependientes, no somos capaces de distinguir la mayoría de las veces cuando algo o alguien es bueno o adecuado para nosotros, y las situaciones y la gente que otros evitarían naturalmente por peligrosas, incómodas, no satisfactorias o perjudiciales, nosotros las aceptamos como normales, pues no tenemos habilidades para evaluarlas de forma realista y autoprotectora. No confiamos en nuestros propios sentimientos, ni los usamos para guiarnos, tan solo nos dejamos llevar por relaciones insatisfactorias y desequilibradas que pueden poner en peligro nuestro equilibrio emocional y nuestra felicidad.

  • NO SATISFACER LAS NECESIDADES EMOCIONALES DE LA FAMILIA:
  • Necesidad de amor y atención: 

Como seres humanos, aún antes de nacer, traemos con nosotros dos tipos de hambre: de alimento y de amor, traemos incorporado un estómago para cubrir esa necesidad física de alimento y traemos incorporado en lo más profundo de nuestro ser un tanque de amor en forma de corazón, y lo mismo que un coche necesita constantemente que se le llene de gasolina para poder moverse, también nosotros como niños necesitaremos de otros dos tanques de amor (el de nuestro padre y nuestra madre) para que vayan poco a poco llenando el nuestro.
De recién nacidos no sabemos ni podemos hablar, pero traemos incorporada un perfectísimo radar para leer el rostro de nuestros padres y sentimos frustración, el desamor, el resentimiento y el dolor que hay en ellos, si solo percibimos ese tipo de sentimientos negativos vamos a impedir que nuestro tanque de amor se vaya llenando. Si nuestros padres son emocionalmente sanas cuyos tanques de amor están llenos, pueden llenar nuestro tanque y nosotros creceremos y nos desarrollaremos psicológicamente sanos. Sin embargo, si uno de nuestros padres o ambos no tenían lleno su propio tanque, lo más probable es que no recibamos suficiente amor y es precisamente esta falta de amor la que nos deja cicatrices en el alma y nos puede conducir a desarrollar relaciones dependientes.
La necesidad de afecto también puede ser negada o satisfecha de forma insuficiente, si nuestros padres estaban peleando continuamente o se sentían atrapados en otro tipo de luchas (trabajo, familias, etc…), es probable que les quedara muy poco tiempo y energías para atendernos. Esto ha podido contribuir a que de niños hayamos sentido hambre de amor y de afecto, y por lo tanto no hayamos aprendido ni a darlo ni a recibirlo, hoy podemos sentir que en el fondo no merecemos que nos quieran y que hemos de esforzarnos más para complacer, siendo bondadosos, cariñosos, agradables, útiles, esperando que algún día los demás harán lo mismo con nosotros, y por fin obtendremos el afecto, la atención y la aprobación que no tuvimos (el problema es que esto nunca llega a ocurrir).

  • Necesidad de valoración

También es nuestra familia de origen la que mediante mensajes verbales y no verbales va configurando nuestro autoconcepto, la imagen que tenemos de nosotros mismos, una mirada cálida, u abrazo con una sonrisa, una palmadita en la espalda, una mirada de orgullo y satisfacción, cambien escuchando mensajes positivos del tipo “tu puedes hacerlo, confió en ti, eres capaz, lo vales, puedes expresar lo que sientes y piensas, eres muy inteligente, estás haciendo un buen trabajo o gracias cariño agradezco mucho tu ayuda…” , de adultos tendremos una autoestima sana, confiaremos en nuestras propias capacidades y sobre todo nos sentiremos merecedores de amor y afecto.
Si por el contrario hemos recibido mensajes negativos como “eres un estúpido, no haces nada bien, tu calla que no sabes nada, no digas lo que sientes, solo dices tonterías…” , como adultos tendremos una autoestima deficiente, nos sentiremos indefensos y no merecedores de aprecio, siendo bastante probable que desarrollemos un comportamiento de dependencia afectiva en el momento en que alguien nos valore o nos de unas migajas de atención o cariño.

Anaís Martínez
Psicóloga Consultora
El equipo de Psycospirity

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