Hoy, vamos a hablar sobre un tema que quizás a todos nos ha tocado vivir en algún momento de nuestra vida, una ruptura de pareja. 
Cuando esto ocurre, algo de dentro de nosotros cambia, nos quedamos sin apetito (o nos da más), sufrimos insomnio, estamos mas irritables, tenemos pesadillas, lloramos… 
Esto quiere decir, que estamos en un momento de estrés vital, en dónde nos toca aceptar lo que ha pasado y adaptarnos a esa nueva situación, en la que ya no estará tu pareja. Tenemos que salir de nuestra zona de confort.


Según un estudio de Man Cheung Chung,  Steven Farmer,  Keren Grant, Rebecca Newton, Sally Payne, Melissa Perry, Jenny Saunders, Charlotte Smith y Nina Stone del 2002, sobre Diferencias entre los estilos de amar que tienen hombres y mujeres y sus reacciones de Estrés Postraumático tras la ruptura de su relación” encuentran que según Glass y Wright (1997) y Lusterman (1995) han establecido una relación entre las reacciones de estrés postraumático y problemas de pareja tal como el de la infidelidad. Según estos autores, aquellos miembros de la pareja que han sido traicionados podrían volver a experimentar el descubrimiento traumático de la infidelidad en sueños, a través “flashbacks” y recuerdos intrusos. Normalmente recordar la fecha en la que se descubrió que su pareja tuvo una aventura, las canciones de amor y los espectáculos en televisión son los desencadenantes de este tipo de reacciones. Los cónyuges que han sido traicionados también pueden mostrar actitudes de rechazo aparentando indiferencia ante la infidelidad y menos interés por los demás y el mundo exterior. Pueden hacer ver que se encuentran muy relajados ante la infidelidad y no expresar sentimientos al respecto. También es posible que experimenten insomnio, agitación, irritabilidad, ira y otro tipo de reacciones más llamativas. A pesar de todo, prácticamente no existen investigaciones sobre el origen del estrés postraumático en este contexto.



Aunque aún se desconoce el origen del estrés postraumático que se produce cuando finaliza una relación, según las investigaciones realizadas en este terreno, estas rupturas constituyen un proceso muy estresante y traumático (Bloom, Asher y White 1978, Menaghan y Lieberman 1986, Stroebe y Stroebe 1986). Se ha descubierto que aquellas personas que han pasado por la experiencia de una ruptura sentimental, tienen más problemas emocionales, tales como la soledad y la depresión, que aquellas otras que no han vivido esta experiencia (Sprecher 1994). También pueden manifestar reacciones de tristeza (Lagrand 1988) con síntomas de psicológicos y físicos negativos como el insomnio o las ideas suicidas, que pueden durar más de seis meses. (Fink, Russell, Engel, Harkness, Pederson y Harvey 1991) La ruptura de una relación también puede dar lugar al aumento del consumo de alcohol, o a la pérdida de peso (Mastekaasa 1997, 1994) e incluso a enfermedades físicas, (Williams y Siegel 1989), siendo la depresión más frecuente al principio de la ruptura. (Mearns 1991). Las mujeres divorciadas tienden a presentar síntomas depresivos más graves que las mujeres casadas (Lorenz, Simons y Chao 1996). Suelen culparse por la ruptura, se sienten indefensas ante su futuro y se convierten en personas aprensivas. También muestran cierta tendencia a recordar experiencias más o menos intensas y desagradables de la relación que ha terminado (Harvey, Flanary y Morgan 1986). Del mismo modo, pueden presentar otras respuestas emocionales que incluyen sentimientos de culpabilidad, inseguridad, miedo, ira, odio, rechazo, autocompasión, vacío, disminución de la confianza en sí mismas y sensación de perdida (Lagrand 1988).
Los hombres y las mujeres experimentan angustia tras la ruptura de una relación de forma diferente aunque los estudios que hay al respecto presentan distintos resultados. Por un lado, se descubrió que, al terminar una relación, los hombres se sentían, en gran medida, deprimidos, solos, infelices y menos libres que las mujeres. (Hill, Rubin y Peplau 1976, Rubin, Peplau y Hill 1981). Por otro lado y, según otro estudio, las mujeres tendían a padecer depresiones más graves que los hombres (Mearns 1991). Otro estudio matizaba que, comparadas con los hombres, las mujeres se mostraban más angustiadas ante la ruptura, le otorgaban más importancia y tendían a mostrar una actitud de rechazo (Smith y Cohen 1993). Sin embargo, en algunas investigaciones no se descubrieron diferencias en lo que a la angustia experimentada tras la ruptura de la relación se refiere (Frazier y Cook 1993, Helgeson 1994, Hortacsu y Karanci 1987, Simpson 1987).

Los distintos estilos o actitudes ante el amor que las personas mantuvieron durante la relación podrían ser responsables, de alguna manera, de la angustia psicológica que padecen tras la ruptura de la relación. Por ejemplo, si una persona adopta una actitud de jugueteo, la angustia psicológica tras la ruptura de la relación podría no ser tan grave como la de una persona que tiene una actitud posesiva. Sin embargo, las diferentes investigaciones que se han llevado a cabo han aportado muy poca información sobre las relaciones entre los distintas formas de amar y la angustia psicológica que surge tras la ruptura de una relación. La información existente sobre la relación entre los distintos tipos de amor y el estrés postraumático tras la ruptura de una relación, es incluso menos ilustrativa. 

Actualmente, se está empezando a prestar más atención a las diferentes formas de amar las cuales pueden ser clasificadas en seis tipos: Eros, Ludus, Storge, Pragma, Mania y Ágape (Lee 1973, 1988)

  • Los amantes “Eros” son amantes apasionados que saben exactamente el tipo de cualidades físicas que buscan en el otro y en consecuencia, tienden a relacionarse con personas que se adaptan a las características físicas deseadas. Suelen ser muy seguros de sí mismos y su autoestima es alta. También tienden a centrarse en sus parejas de una manera exclusiva e intensa sin caer en la posesión y los celos.


  • Los amantes “Ludus” son jugadores del amor basándolo en el divertimento mutuo más que en un intento serio. Estos amantes tienden a divertirse jugando con diferentes parejas al mismo tiempo, lo que, evidentemente evita que se impliquen seriamente con una persona en concreto. Además, no suelen mostrar preferencias en cuanto a la apariencia física por ninguna de sus parejas. La actitud que mantienen los amantes “Ludus” no implica que quieran herir a otras personas, en realidad su intención es la de minimizar el daño que puedan causar a los demás estableciendo las reglas cuando comienza la relación. Simplemente, quieren disfrutar de la vida con gente diferente.

  • Los amantes “Storge” son amantes tranquilos y poco activos. Basan el amor en la amistad, en el compañerismo y en la seguridad, y sus parejas comparten con ellos actitudes y valores. Para los amantes “Storge”, dichas actitudes y valores, son más importantes que el aspecto físico y la mera satisfacción sexual. En otras palabras, para este tipo de amantes los compromisos a largo plazo son más importantes que las diversiones pasajeras.
  • Los amantes “Pragma” se centran en el aspecto práctico de la relación. Suelen buscar parejas con quienes puedan llevar una vida satisfactoria y provechosa al mismo tiempo, es decir, no se centran en una ilusión pasajera. Aparentemente, los amantes “Pragma” comparten características con los amantes “Storge” aunque se diferencian en algunos aspectos, por ejemplo, los amantes “Pragma”, suelen valorar determinadas “condiciones” como la seguridad económica o los antecedentes familiares antes de iniciar una relación.
  • Los amantes “Mania” son personas que consideran que el amor es doloroso a pesar de que lo anhelan. Este tipo de amantes suelen ser celosos, posesivos y obsesivos; no confían en la sinceridad y el compromiso de sus parejas, asimismo pueden padecer problemas de alimentación, de insomnio y sufrir altos (exaltación) y bajos (depresión). Normalmente, obligan a sus parejas a comprometerse en lugar de esperar a que sean ellas las que tomen esa decisión. Naturalmente, la relación suele terminar rompiéndose, confirmando de este modo el miedo que sienten.
  • Los amantes “Agape” se preocupan exclusivamente por el bienestar de sus parejas y anteponen los intereses del otro a los suyos propios. Estas personas comienzan una relación porque creen que tienen algo que ofrecer a su pareja sin buscar nada a cambio. Obtener placer sexual no es importante para ellos

Los hombres resultan ser más eróticos y lúdicos mientras que las mujeres tienden a ser más pragmáticas y maníacas. 


Anaís Martínez


Chung, Man Cheung, Farmer, Steven, Grant, Keren, Newton, Rebecca, Payne, Sally, Perry, Melissa, Saunders, Jenny, Smith, Charlotte, & Stone, Nina. (2002). Diferencias entre los estilos de amar que tienen hombres y mujeres y sus reacciones de Estrés Postraumático tras la ruptura de su relación. The European journal of psychiatry (edición en español)16(4), 204-215. Recuperado en 24 de abril de 2017, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1579-699X2002000400002&lng=es&tlng=es.

El equipo de Psycospirity

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