La educación sexual en los niños.
Muchos padres se preguntan cómo pueden dar a sus hijos una buena educación sexual cuando ellos no la han recibido. Abordar este tema con
los niños puede resultar complicado y es necesario encontrar el camino y la
manera de poder hacerlo de forma natural.
Este proceso no deberá
limitarse a serias conversaciones puntuales cuando los padres consideran que ha
llegado el momento en que esa conversación debe tener lugar. Por el contrario,
una buena educación sexual se basa en una actitud vital adecuada que permita a
los menores hacer preguntas sobre el
 sexo cuando les surjan las
dudas, puesto que es en ese momento cuando el niño o el adolescente está
realmente motivado para prestar atención a la respuesta de sus padres.
Comencemos por el
principio, definiendo qué es la
sexualidad
. La sexualidad se
define como
la forma en la que cada persona vive, siente y se expresa
como persona sexuada, con un cuerpo sexuado’. Por lo tanto, hablamos de todo lo
que tiene que ver con: el cuerpo y sus reacciones, con la afectividad y la
expresión de emociones, con el placer y el deseo, con la necesidad de
vinculación con las demás personas, con la autoaceptación y la 
autoestima, con la comunicación y con el desarrollo integral y sano de las
personas.
 
Después de definir la
sexualidad
pasaremos a citar varias dudas o curiosidades en función de la
edad del niño y como poder resolverlas.
Niños de 0 a 2 años
Evidentemente, el niño no va a hacer preguntas a
esta edad, por lo que más importante que lo que dicen los padres será lo que
hacen ante las manifestaciones sexuales del pequeño. El bebé descubre el placer sexual a partir del contacto
corporal
 con las personas que le cuidan, especialmente con la persona
que lleva a cabo la función materna (que no siempre tiene que ser la madre).
Las conductas que producen placer al niño son la succión y el tacto, por ello es importante que los padres permitan que
el pequeño satisfaga estos deseos a partir de objetos adecuados para ello (que
no tengan peligro si se llevan a la boca o se tocan), y que mientras mama o
toma el biberón la madre le mire, acaricie, hable… Al final de
los 2 años el placer lo consiguen a partir del control de esfínteres y los
juegos relacionados con este hito. Los padres deberán facilitar estos juegos
sin preocuparse de que se mojen o ensucien, y dejarles hablar de su pis y su
caca, además de acompañar el control de estas funciones fisiológicas con frases
como “muy bien, mi niño ya sabe pedir a mamá que le lleve a hacer pis”.

Niños de 3 a 5
años: primeras preguntas sobre sexo

Este pequeño charlatán e investigador que
confunde realidad con fantasía tiene dos grandes preocupaciones sexuales: la
diferencia entre sexos y el origen de la vida. Es la etapa de los por qué, que deben ser satisfechos por los padres. Es importante
que cuando nos comuniquemos con niños de esta edad llamemos a las cosas por su
nombre (por ejemplo pene en lugar de colita o vulva en lugar de rajita).
También podemos ayudarnos de láminas
adaptadas a su edad para dar respuesta a la curiosidad de los pequeños, que
nunca debe ser reprimida, pues esto les generará vergüenza y pudor.

Entre los 6 y los 9
años: naturalizar el sexo

A esta edad las preguntas son más
elaboradas. La más frecuente es cómo se juntan el espermatozoide y el óvulo. En
este caso, los padres deben responder claramente en qué consiste la relación
sexual, sin olvidar los afectos entre los miembros de la pareja. La explicación
debe ser sencilla, por ejemplo: los testículos son una fábrica de
espermatozoides que viajan por unos tubos…
Si no lo preguntan, a esta edad aún no es
necesario hablar de la anticoncepción. Y si el niño aún no ha hablado
de sexo, los padres deberían buscar oportunidades cotidianas para sacar el tema
de forma natural. 
Entre los 10 y los 12 años y los siguientes a la pubertad
Las
preguntas sobre el sexo disminuyen porque a los adolescentes les da más vergüenza preguntar a
los padres, lo que no significa que se haya reducido el interés por
el sexo
 que, por el
contrario, realmente ha resurgido de nuevo debido a los cambios fisiológicos
que se experimentan a esa edad.
Un
aspecto clave y que preocupa frecuentemente a los padres en estas edades tiene
que ver con la masturbación, que ahora
no es exploratoria como en etapas anteriores, sino que se emplea para la
búsqueda de placer. Ante este hecho los padres deben respetar la privacidad del
púber y, si tienen que hablar con su hijo por haberle descubierto
masturbándose, deben ser naturales y normalizar la situación. Le pueden decir,
por ejemplo, “es normal y simplemente debe ser una actividad privada, por lo
que en otra ocasión cierra la puerta o hazlo en el baño”.
A
esta edad los padres deben proporcionar la información que pudiera faltar sobre
las relaciones sexuales al completo incluidas las enfermedades
de transmisión sexual (ETS)
 y los métodos
anticonceptivos
 (por ejemplo
si estamos hablando de los métodos de protección sexual se puede abrir un preservativo y enseñarlo).
Es
importante que en esta etapa los menores tengan suficientes conocimientos sobre
el tamaño del pene, eyaculaciones, erecciones, flujo vaginal, menstruación, etcétera. Y
también es conveniente que los padres traten aspectos como el abuso
sexual
.
Tu
actitud ante las dudas
sexuales de tu hijo
 a lo largo de
las etapas anteriores determinará en gran medida cómo se comportará éste a
partir de la pubertad, dejándote fuera de su vida sexual, o preguntando sus
futuras dudas y recurriendo a ti cuando así lo necesite. Para hablar de sexo
con tus hijos, no lo dudes, es importante saber
comunicarse

¿Cuáles son los objetivos?
El objetivo es que
nuestros hijos e hijas aprendan a conocerse, a
aceptarse y a expresar su erótica de modo que sean felices.
 
o  
Aprender que se conozcan: significa algo más que
conocer que es la menstruación o las poluciones nocturnas. Implica conocer cómo
somos y cómo funcionamos. Cómo reaccionamos ante las cosas, qué emociones
tenemos y cómo las expresamos… También incluye conocer a los demás, y no sólo a
los del sexo contrario sino conocer más del mío propio. 
o  
Aprender a aceptarse: que estén a gusto con su
cuerpo y su forma de ser y actuar. Que sientan que no hay nadie mejor o peor
que ellos o que ellas en este aspecto. Que en sexualidad todo el mundo es único
y peculiar y que todos los hombres son verdaderos hombres y todas las mujeres
verdaderas mujeres. 
o  
Hay
muchas formas de expresar nuestros deseos y el afecto: palabras, miradas,
abrazos, caricias, achuchones, halagos, mordisquitos. La erótica va
variando a lo largo de las etapas de la vida. El coito es una forma más de
expresar nuestros deseos, pero no la única.
o  
Que sean
felices
, puede parecer un
objetivo ambicioso, pero creo que como padres y madres, no podemos, ni queremos
aspirar a menos.

Esta concepción de la sexualidad supone trabajar
por lo que se quiere conseguir, no sólo por lo que se pretende evitar.

Errores
en la educación sexual a los niños

1.      Información
engañosa. 
“Que los niños
vienen de París” o “son traídos por la cigüeña” son ganas de distorsionar la
verdad de forma tan grosera que difícilmente los padres conseguirán su
confianza en otros temas. La
información, tiene que ser verdadera pero también gradual
: no podemos
hablar lo mismo a un niño de tres años que a otro de nueve o de doce. Pero
adaptarse a la edad del niño no implica que le mintamos. La educación sexual es
incompatible con la mentira o la distorsión.
2.      Negación de la información. A veces, en el terreno de la educación sexual
ésta ha sido la norma: no decir nada para que no se contamine, pero lo que se
consigue, en la mayoría de las veces, es que se informen por amigos o
compañeros y de forma no muy adecuada. El temor se ha cumplido: vivencia
anómala de la sexualidad.
3.     
Sancionar toda conducta sexual. Por ejemplo, cuando el niño es
pequeño no hay que ridiculizar los tocamientos de los genitales, sino
explicarle como es preciso que ciertas conductas se hagan en privado y que
aprendan que su cuerpo “es suyo” y por lo tanto deberá evitar que otras
personas se aprovechen de él. Una de
las principales claves de una buena educación sexual es no unir
sexualidad con “algo sucio” o “pecaminoso”. Y sobre todo hay que evitar
transmitir la idea de que “el sexo es algo malo” y origen de enfermedades. Por
esto, es un error transmitir, por ejemplo, que la masturbación provoca “que se
seque el cerebro” o tiene el peligro de “volverse loco”.
4.      Lenguaje
inadecuado.
Los
niños a partir de los 7 u 8 años suelen utilizar entre ellos términos
coloquiales para referirse a los genitales, que en ocasiones están cargados de
un gran sentimiento de culpa pues son consideras palabras “prohibidas” Es
conveniente que los padres y educadores utilicen los términos técnicos de
vagina y pene, pero lo que no excluye es que ocasionalmente puedan utilizar el
mismo lenguaje de los niños para transmitir un clima de serenidad y
desculpabilizador.
5.      Crear un
clima de desconfianza e inseguridad.
El tabú sexual de nuestra cultura puede provocar que no se
hable de sexo pero además que se transmita la convicción de que la sexualidad
es “algo que nos puede hacer daño”. Pero no debemos olvidar que un desarrollo
adecuado de la sexualidad es como la piedra angular de todo el edificio de la personalidad
del individuo: seremos más sanos mentalmente en tanto en
cuanto el desarrollo de la sexualidad sea adecuado
.
Consejos a los padres para hablar de sexo con sus hijos
Algunos de los consejos que deben seguir los padres a la hora de hablar de sexo con sus hijos son:
  • Informarse sobre las dudas sexuales que tendrán
    los niños a lo largo de su proceso evolutivo.
  • Atender las diferencias individuales a la hora de
    comunicarse con cada hijo (sexo, edad, personalidad…).
  • Considerar tanto las preguntas que hacen sus
    hijos, como sus comportamientos de exploración y curiosidad sexual.
  • Antes de dar una respuesta a sus preguntas,
    indagar sobre qué es lo que saben sobre el tema.
  • Ser sinceros con ellos y hablar con
    naturalidad, abiertamente, y sin prejuicios.
  • Responder cuando surge la duda por parte del
    niño, y no cuando a los padres les viene bien, y si en ese momento no
    pueden explicarle el porqué, decirle cuándo van a retomar la conversación.


Juana
María Córcoles.

Colaboradora
de Psycospirity.
El equipo de Psycospirity

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