El reinado de las mujeres que padecen el efecto Marilyn Monroe no va más allá de las fronteras de complacer al prójimo. El pan de cada día es vivir en la constante preocupación de la belleza y juventud que, aunque saben que es pasajera y no aporta nada al interior, tratan de conservarla para permanecer en el centro de todos los universos.

Su tranquilidad y bienestar mental consiste en lo alabadas que se sientan por parte de otros.
A pesar de tener la continua necesidad de que todos las admiren, son
mujeres solitarias que se refugian en la idea que el mundo las adora y
admira. Su objetivo es ser vistas, en sus distintas formas y ángulos,
pero siempre destacando.
Se sienten bien con que los otros las acepten y que vean en ellas a las mejores mujeres, hijas, amigas y amantes.

La belleza es su escudo, como si se tratara de lo más delicado que hay
que defender a rajatabla. Esa necesidad que todos admiren su más
preciado estandarte es matadora.

Son mujeres solitarias que se refugian en la idea de que todo el mundo las adora y admira. Buscan sobre todo sobresalir.

Alimenta su interior, exteriorizando su belleza. Marilyn era consciente
de sus encantos y era capaz de irse caminando a la escuela, sólo con la
intención de provocar deseos en todo aquel que la observaba.

Marilyn Monroe sentenció alguna vez:

“No me importa vivir en un mundo de hombres, siempre que pueda ser una mujer en él”.

No tenía mucha fe en sí misma. Su anhelo era sentirse constantemente admirada.
Las féminas Marilyn se convierten en muñecas rotas. Se quiebran por recibir un piropo, lejos es su mejor recompensa.
El coqueteo es su mejor herramienta, que manejan sin inhibiciones, ni
formas, sólo distinguen en atraer a quien les entregue seguridad y una
caricia en forma de palabra. Así son las mujeres que tienen el síndrome
“Marilyn Monroe”.

Saben lo interesantes que son, pero utilizan este aspecto, provocando
envidias y miradas de odio de las otras que, según su parecen, no se
parecen a ellas.
Mujeres acostumbradas a la admiración por su belleza, no así de su
felicidad. A Marilyn la seguían muchos admiradores, que la idolatraban,
pero no tenía a ese compañero que le preguntara cómo estuvo su día.
Se adentran en profundos sentimientos solitarios. Ya sabemos que a la
gran Marilyn Monroe le costó caro, cuando perdimos su magia en este
mundo.

Su legado de mayor importancia ha sido un estereotipo, que ha perdurado durante décadas y del que todavía no nos hemos deshecho.
La
imagen de rubia y tonta que ella misma consiguió que se le atribuyera,
jamás le hará justicia pero, obviamente, tampoco la imagen de
superdotada que actualmente se quiere mostrar de ella.
Marilyn Monroe fue, ni más ni menos, una mujer que padecía  graves carencias emocionales y que disponía de escasos recursos para huir de sus fantasmas pasados
Murió
antes de tiempo habiendo sido una actriz a tiempo completo que vivió
para los focos y las miradas ajenas, mostrando su mejor sonrisa y
aceptando las reglas del juego.



MªCarmen Martínez


El equipo de Psycospirity

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