Es un trastorno psicológico que afecta a los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado que se encuentran -o se han encontrado- destinados en el País Vasco, debido a la tensión tan extrema a la que están sometidos de continuo. Pero lo que no se suele conocer es cómo afecta ésta enfermedad al comportamiento humano, ni cuales son, exactamente, los motivos que provocan éste estado.


la patología no está reconocida oficialmente como enfermedad profesional y se diagnostica poco. Unos 15000 agentes afectados luchan en los tribunales para que su incapacidad irreversible sea considerada como un atentado.


Las especiales circunstancias en las que desarrollan su vida y labor profesional las fuerzas de

seguridad del Estado en el País Vasco suponen una fuente de estrés añadido, poniendo a prueba la resistencia psicológica de las personas implicadas. 
La capacidad para adaptarse a estas circunstancias adversas varia mucho de unas personas a otras, por lo que es factible que la tensión psicológica a la que están sometidos continuamente pueda desbordar en algunos casos los mecanismos de afrontamiento y desembocar en un desequilibrio psíquico y emocional que puede llegar a trastocar todas las facetas de la vida. 
El conjunto de síntomas que se agrupan bajo el nombre de “síndrome del norte” se asemeja mucho a las vivencias de quienes padecen un trastorno por ansiedad denominado estrés postraumático, recogido en la clasificación diagnóstica de trastornos mentales elaborada por la Asociación Psiquiátrica Americana (APA), clasificación ésta utilizada por muchos profesionales de la salud en todo el mundo. 
Los trastornos de ansiedad son un grupo de enfermedades caracterizadas por la presencia de ansiedad, preocupación, miedo, tensión o temor excesivos, que provocan un malestar notable y un deterioro clínicamente significativo en la actividad del individuo. 
En el trastorno por estrés postraumático la persona ha estado expuesta a un acontecimiento que sería marcadamente angustiante para casi todo el mundo y que representa un peligro real para su vida o integridad física, amenaza o daño para los hijos, el cónyuge u otros parientes cercanos y amigos o la destrucción súbita del hogar. 
Es importante señalar que la exposición al acontecimiento puede ser directa o indirecta, bastando oír u observar cómo una persona se lesiona gravemente o sufre víctima de la violencia física para que los síntomas se desencadenen.En algunos casos aparecen ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos. 


Este trastorno afecta especialmente al entorno familiar de convivencia porque en muchas ocasiones se acompaña de la sensación de distanciamiento o extrañamiento respecto a los demás con una restricción de la vida afectiva, incapacidad para mantener experiencias amorosas, sensación de acortamiento de vida con anulación de planes y proyectos personales de futuros. 
Los síntomas suelen aparecer en los tres primeros meses posteriores al trauma, si bien hay que estar muy atentos porque puede haber un lapso temporal de meses o incluso años hasta que empiecen a manifestarse. 
La intensidad, duración y proximidad de la exposición al acontecimiento traumático constituyen los factores más importantes que determinan la probabilidad de presentar el trastorno. 
La duración de los síntomas muestra considerables variaciones. La mitad de los casos suelen recuperarse completamente en los primeros tres meses y en otras ocasiones todavía persisten doce meses después. 


Estos padecimientos podrían atajarse actuando desde varios frentes:


Por un lado, desde una labor preventiva en la que se podría establecer un “perfil de sujetos” psicológicamente más resistentes a situaciones de estrés laboral, poniendo en evidencia aquellos más vulnerables a sufrir este trastorno, requiriendo una mayor atención y apoyo, ofreciéndoles herramientas para fortalecerles psicológicamente y realizando con ellos un seguimiento más exhaustivo. 
Por otro lado, para aquellos que ya lo padecen, se hace necesario un tratamiento psicoterapeútico utilizando técnicas específicas adaptadas a cada caso y en esto es muy importante un diagnóstico precoz de los síntomas porque ello aumenta la eficacia y probabilidades de recuperación inmediata. 
Además, si se interviene a tiempo se evitaría la posibilidad de complicarse el cuadro con otros trastornos como la depresión profunda, con un marcado sentimiento de desesperanza y un aumento del riesgo de acabar con la propia vida. 
Este apoyo también es conveniente que se extienda a los familiares que conviven junto al afectado quienes también sufren sus consecuencias, rompiendo así su aislamiento. Con el debido asesoramiento profesional pueden ser una fuente de gratificación y ayuda inestimable para el restablecimiento del sujeto. 
Como última sugerencia y en la medida de lo posible, facilitar el alejamiento de la fuente de amenaza causa del estrés laboral y de la profundización del sentimiento de frustración profesional hasta que la persona esté de nuevo restablecida. 
Todos estos sucesos nos invitan a una reflexión que sería deseable fructificase en un diálogo y una colaboración estrecha y coordinada entre todos los estamentos y organismos implicados para poder poner en práctica todas estas medidas que probablemente repercutirían en un mejor desempeño laboral de las fuerzas de seguridad en el País Vasco. 


Bibliografía:


www.todopolicia.com


MªCarmen Martínez

El equipo de Psycospirity

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