A pesar de los esfuerzos por clasificar los trastornos, siguen existiendo múltiples casos que no encajan con las categorías actualmente planteadas. Por lo que se siguen sugiriendo nuevas categorías para trastornos graves del desarrollo. 
Entre ellos, nos encontramos con el Síndrome limite de la infancia o trastorno múltiple del desarrollo. ¿De qué trata este trastorno?
El término Trastorno múltiple y Complejo del desarrollo (“Múltiple Complez Development Disorder”-McDD) fue acuñado por Cohen y Cols, en 1986, y hacia referencia a un trastorno que también se denominaba como Trastorno múltiple del desarrollo (“Multiple Developmental Disorder”-MDD-) y Síndrome Limite en la infancia (“Boderline Syndrome of Childhood”-BSC-) que es como lo llamó Towbin y colaboradores en 1993.
Las características principales de este trastorno son 3:

  • Déficits sociales.
  • Disregulaciones afectivas
  • Alteraciones del pensamiento.

Se aproxima a las disarmonías psicóticas y también en gran medida, se solapa con trastornos del espectro autista (TEA) en las formas menos afectadas por aspectos deficitarios. 
Los niños con este trastorno entran en un proceso inquietante, pero distinto de la esquizofrenia, aunque pueden desarrollarla en la adultez. Los síntomas más comunes son los trastornos del vínculo y la interacción, reacciones ansiosas idiosincráticas, episodios de conductas desorganizadas y gran variabilidad emocional. 
Se trata de un cuadro que por una parte se acerca al trastorno límite, mientras que por otro está estrechamente relacionado con los trastornos autistas. 
Algunos autores mantienen la hipótesis de que autismo y TMCD se encuentran dentro de un mismo continuo. 
 Las investigaciones de los últimos años sugieren que los niños con TMCD y los niños con TEA presentan diferencias que permiten su delimitación diagnóstica:
  • Se ha observado que los niños con TMCD se distinguen de los niños con TEA en términos de trastornos del pensamiento, ansiedades primitivas y agresión.
  • En el TMCD se observan fluctuaciones mucho mayores en el funcionamiento que en los TEA.
  • Mientras que los TEA representan un estado relativamente estable, el TMCD puede desviarse hacia el espectro de la esquizofrenia.
  • Aunque las relaciones sociales están afectadas de manera similar en el TEA y en los TMCD, las alteraciones en el contacto ocular y en la comunicación gestual no están presentes en éste último.
  • Los niños con TMCD en relación con los que padecen algún TEA, presentan menor severidad en problemas como la rigidez conductual o las estereotipias.
  • Los problemas de atención e impulsividad son áreas más afectadas en los niños con TMCD que con TEA.

Aunque las características clínicas del MCDD abarca síntomas
de autismo, especialmente dificultades sociales e interpersonales, las personas con
MCDD también muestran modulación alterada de la angustia y peculiaridades en el
razonamiento y en el lenguaje (Klin et al., 1995 a; Kumra et al., 1998; Towbin et al., 1993). 

Utilizando instrumentos estandarizados, una revisión retrospectiva de los cuadros que en
comparación con niños con distimia o con trastorno de conducta, los niños con MCDD
presentaban una manifestación de los síntomas más pronto, edad de hospitalización
temprana,
niveles más altos de psicopatología según el Chid Behavior Checklist,
relaciones pobres con los iguales y más psicopatología (Towbin et al.,1993). Comparado
con individuos con esquizofrenia muy temprana ( VEOS = very early onset schizophrenia),
los individuos con MCDD son similares a los individuos con VEOS en cuanto a la
proporción de miembros de familia que tienen trastornos de la personalidad esquizoide o
paranoide, y en que no eran capaces de entender lo que leían incluso teniendo
habilidades para reconocer las palabras. Difieren del grupo de VEOS en que tienen más
normal el patrón de reactividad autónomo y la no progresión de la esquizofrenia.


En conclusión, la categoría TMCD se ha mostrado útil para la investigación clínica, por lo que se podría esperar su inclusión en futuras clasificaciones. Se hace necesario profundizar en la delimitación del TMCD en relación con los TEA. Un adecuado diagnóstico facilitaría una detección precisa de estos trastornos, así como intervenciones que favorezcan el desarrollo global del niño, apoyando sus vulnerabilidades específicas. 

Aún así, no existe un tratamiento específico para este trastorno, aunque se han utilizado fármacos como neurolépticos atípicos, estabilizadores del ánimo, antidepresivos (ISRS), y estimulantes con el fin de paliar los síntomas psicóticos, disminuir los niveles de ansiedad, estabilizar el humor y mejorar la socialización. 

Anaís Martínez Jimeno.

El equipo de Psycospirity

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