John Bowlby fue un psicólogo inglés que dedicó gran parte de su vida a trabajar en instituciones junto a niños que habían sido privados de la figura materna.
Bowlby, psicólogo y psicoanalista, demostró pronto su interés por el desarrollo infantil. De su trabajo y estudios publicó su teoría
del apego. De hecho, su amplia experiencia y sus conocimientos han sido
aprovechados por miles de profesionales. No en vano fue uno de los
expertos más citados en publicaciones durante el siglo XX.

El apego es el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus
padres (o cuidadores) y que le proporciona la seguridad emocional
indispensable para un buen desarrollo de la personalidad. La tesis
fundamental de la Teoría del Apego es que el estado de seguridad,
ansiedad o temor de un niño es determinado en gran medida por la
accesibilidad y capacidad de respuesta de su principal figura de afecto
(persona con que se establece el vínculo).
El apego proporciona la seguridad emocional del niño: ser aceptado y
protegido incondicionalmente. Está planteamiento también puede
observarse en distintas especies animales y que tiene las mismas
consecuencias: la proximidad deseada de la madre como base para la
protección y la continuidad de la especie.

El vínculo emocional del apego crea en el niño una sensación emocional que Bowlby considera indispensable para el desarrollo de la personalidad. En este sentido, el psicólogo fundamentó tres tipos de apego
diferenciados según la situación del pequeño y el acceso y conducta del
adulto:

  • Apego seguro: Se
    produce cuando el bebé está seguro de las muestras de protección,
    cariño y disponibilidad que recibe de la figura de su afecto. Desarrolla
    en el niño un concepto positivo y confiado de sí mismo. Se crean relaciones más estables, satisfactorias e integradoras.
  • Apego Ansioso: La figura del afecto del bebé solo ofrece apego y
    disponibilidad física y emocional de forma intermitente. Es decir, que
    no está siempre disponible. Esta situación crea temor y ansiedad. Las
    habilidades emocionales del pequeño se desarrollan de forma
    inconsistente. Se forma un gran deseo de intimidad, pero va acompañado
    de inseguridad.
  • Apego desorientado: El cuidador ofrece respuestas desproporcionadas a las necesidades
    del niño. En su desesperación, puede entrar en procesos disociativos. La
    conducta del adulto es muy desorientadora para el bebé, generando
    también una gran ansiedad e inseguridad.

Más tarde Mary Ainsworth (1913-1999) en su trabajo con niños en
Uganda, encontró una información muy valiosa para el estudio de las
diferencias en la calidad de la interacción madre-hijo y su influencia
sobre la formación del apego.
Ainsworth encontró tres patrones
principales de apego:  Estos comportamientos dependían de la
sensibilidad de la madre a las peticiones del niño.

  •  Apego seguro. Lloraban poco y se
    mostraban contentos cuando exploraban en presencia de la madre;
  •  Apego evitativo: Lloraban frecuentemente, incluso cuando estaban en
    brazos de sus madres
  • Apego ambivalente. Incapaces de demostrar conductas que pudieran catalogarse como de apego.

La teoría del apego tiene una relevancia universal, la importancia
del contacto continuo con el bebé, sus cuidados y la sensibilidad a sus
demandas están presentes en todos los modelos de crianzas según el medio
cultural.

MªCarmen Martínez

El equipo de Psycospirity

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