Este trastorno constituye un trastorno disociativo paradigmático y representa la adaptación más extrema del estrés postraumático de aparición en la infancia. Su característica principal, según el DSM.IV.TR, es la presencia de dos o más identidades o estados de personalidad que toman el control de la conducta de la persona de forma recurrente, siendo el tránsito de una personalidad a otra repentino y espectacular, y existiendo amnesia sobre las otras personalidades y lo que aconteció en ese periodo. 
Es el único trastorno de personalidad que es diagnosticado como trastorno mental. Refleja un fracaso en la integración de varios aspectos de la identidad, la memoria y la conciencia. Se considera que los pacientes con este trastorno se enfrentan a un trastorno de la realidad múltiple, suelen vivir y funcionar con niveles de implicación hipnótica que fluctúan y alternan entre realidades internas y externas. A veces esta amnesia no se produce, produciéndose el conocimiento de la existencia del resto de las personalidades, las cuales pueden estar jerarquizadas de modo que las mas poderosas dirijían a las otras, negarse unas a  otras, entrar en conflicto, etc…
En ocasiones las identidades pueden actuar en forma de alucinaciones visuales o auditivas que interfieren y dan órdenes a las otras. La identidad primaria suele ser depresiva, pasiva, dependiente, culpabilizada, mientras que el resto de identidades son hostiles y dominantes. 
El estrés psicosocial, a menudo, produce el cambio de identidad. Suelen presentar lapsos de memoria que afectan a información remota o reciente. siendo las identidades mas pasivas las que tienen recuerdos más limitados.
Descrito como la patología del encubrimiento. la disociación impide el autocontrol y la descripción precisa de los síntomas; esto unido a sentimientos de vergüenza, miedo al castigo, comprobar el escepticismo de la gente, etc… hace que el paciente no informe de la sintomatología. 
El trastorno de identidad disociativo en el DSM-5:
Hay varios cambios que se realizan en torno al 4-tr, habría un nuevo criterio A que presenta una diferencia con el anterior al Incluir las experiencias de posesión (demoníacas, de difuntos…etc). Asimismo, en la definición del trastorno también se incluye el concepto de amnesia disociativa como criterio B, y se excluyen en el criterio D los casos vinculados a culto o práctica religiosa.
Factores de riesgo y pronóstico:

  • Ambientales: el abuso físico y sexual está asociado con un riesgo incrementado del trastorno de la identidad disociativo. Otras experiencias traumaticas que también se han asociado a mayor prevalencia del trastorno son los procedimientos médicos o quirúrgicos en la infancia, la prostitución infantil y el terrorismo.
  • Modificadores del curso: la cronicidad en los abusos, procesos de retraumatización tardía, enfermedades médicas graves, comorbilidad con otros trastornos mentales y/o retrasos en la aplicación de un tratamiento adecuado se asocian a un peor pronóstico.
Curso:
Puede manifestarse a cualquier edad. La disociación en niños puede generar problemas de memoria, concentración, etc… En los niños quizá no es tan importante la presencia de cambios de identidad, sino mas bien la de síntomas relacionados con discontinuidades en su experiencia cotidiana. Los cambios repentinos en la identidad durante la adolescencia pueden aparecer e las primeras etapas de otro trastorno mental. Los individuos más mayores pueden presentar trastornos del estado anímico, trastorno obsesivo-compulsivo, paranoia, trastornos esquizo-afectivos y otros trastornos cognitivos asociados a amnesia disociativa.
Parece tener un curso clínico fluctuante, que tiende a ser crónico y recidivante. El tiempo promedio entre la aparición del primer síntoma y el diagnostico es 6-7 años. Se han descrito cursos tanto episódicos como continuos. 
Raramente remite de forma espontánea, debiendo tratarse con el fin de que no se cronifique. 

Tratamiento:

Desde el modelo cognitivo, la terapia tiene por objetivo la incorporación de la provocación de un cuidadoso desequilibrio entre los sentimientos y los pensamientos establecidos y una frecuente reestabilización. De este modo se van sacando a la superficie aspectos que estaban ocultos y se ayuda al paciente a reconocer como un todo, metabolizar y reabsorber por medio de la abreacción y posterior procesamiento, las experiencias contenidas en las otras personalidades, en estados distintos del yo o en realidades alternas. 
El modelo propuesto por Fine, se basa en el modelo cognitivo de Beck, para Fine, las personas con este trastorno se sitúan a si mismas en uno de los extremos de un continuo afectivamente desvirtuado e informan que sus sentimientos se encuentran fuera de control o que tienen pocos sentimientos. El comienzo del tratamiento de estas personas empieza por:

  • Darse cuenta de las incongruencias cognitivas/perceptivas/conductuales.
  • Poner una etiqueta a esas incongruencias.
  • Modificar sus cogniciones disfuncionales.
La terapia es como una serie de terapias cognitivo-conductuales, de tiempo limitado, que repiten el tratamiento a lo largo de todos los estados del yo, de todas las realidades internas, de todos los temas y de todos los afectos. Fine desarrolla un modelo integrador, en donde pone especial énfasis en el cuidado del paciente durante la terapia, en la que atraviesa por diferentes fases y en la que se integra la terapia centrada en esquemas de Young.

Para más información, no dudéis en preguntarnos.
Anaís Martínez Jimeno.
El equipo de Psycospirity

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