Se han planteado diferentes estrategias para la intervención sobre el autismo, partiendo de planteamientos etiológicos diversos. Algunos métodos son específicos para el autismo y otros son métodos que se han mostrado eficaces en otros trastornos.
Muchos de ellos cuentan con escasa o nula evidencia a favor, siendo algunos incluso contraproducentes, y sólo un escaso  número ha demostrado eficacia, siendo otros prometedoras alternativas aún no contrastadas.
El psicólogo americano Ole Ivar Lovaas, considerado como el fundador de la terapia de conducta en el autismo, plantea que no es un trastorno relacional, sino perceptivo y cognitivo, siendo el objetivo del tratamiento fomentar conductas deseables y reducir las no deseables.
En el tratamiento hay ciertas variables que son especialmente relevantes:

  • Edad de comienzo de la intervención: los niños aprenden mejor cuanto antes se comience la intervención. Sería recomendable comenzar el tratamiento antes de los 4 años.
  • Intensidad de la instrucción: el tratamiento es más efectivo cuanto mayor sea la intensidad. Recomendándose que sea al menos de 20-25 horas semanales.
  • Duración del programa: la intervención ha de ser prolongada.
  • Colaboración de los padres: los mejores resultados se obtuvieran cuando los padres colaboraron en la intervención. 
La evidencia muestra un beneficio cognitivo y funcional después de al menos 20 horas semanales de intervención basada en los principios de modificación de conducta (ABA).
Debemos tener en cuenta que no existe un único programa de intervención válido para todas las personas con Trastorno del espectro autista. Ni tan siquiera existe un único planteamiento terapéutico válido para un mismo sujeto en diferentes momentos de su desarrollo.

Ángeles Brioso Diez, explica que, se trate de un tratamiento u otro, los objetivos generales de la intervención en el caso de personas con autismo deben centrarse en dos aspectos fundamentales:

  • El desarrollo de competencias comunicativas, interactivas y cognitivas que permitan a estos niños comprender mejor a otras personas y dar sentido a sus relaciones y a sus acciones.
  • La disminución de comportamientos que interfieran o dificulten la estabilidad emocional y la independencia, comportamientos que provocarán sufrimiento o estados emocionales negativos.
Da especial importancia a dos áreas de intervención: comunicación y lenguaje, y comportamiento.
Pautas generales:
  • Programas de enseñanza personalizados y fundamentados en un marco evolutivo que posibilite un desarrollo real de la persona.
  • Contextos de intervención muy estructurados y predecibles.
  • Procedimientos de aprendizaje SIN errores.
  • Favorecer la motivación.
Una aportación importantísima y que supuso el comienzo de la investigación acerca de la aplicación de la terapia de conducta a los sujetos con autismo, fue la de Fester y DeMyer, que en los años 70 del Siglo XX propusieron, y demostraron empíricamente, que los procedimientos operantes para modificar ciertos comportamientos eran eficaces en los casos de sujetos con autismo. 
Tiene sentido que los procedimientos operantes para el cambio de conducta sean eficaces con este tipo de población, ya que son procedimientos que implican un alto grado de estructura, lo que facilita la percepción de las relaciones entre los estímulos discriminativos del medio, la conducta y sus consecuencias, algo que a los sujetos con autismo le resulta especialmente complicado ya que tienen dificultad para percibir relaciones de contingencia.
Hay que tener en cuenta no obstante, que para aplicar procedimientos operantes de cambio de conducta con niños autistas, primero hay que adaptarlos, ya que las características peculiares de los sujetos con este tipo de trastornos requieren:
  1. Recordar que los estímulos sociales y simbólicos carecen de valor reforzante para ellos.
  2. Un alto porcentaje tiene asociado algún grado de retraso mental o discapacidad intelectual, luego habrá que adaptar la exigencia al nivel evolutivo independientemente de la edad cronológica.
  3. Proporcionar un alto nivel de estructura en la situación de intervención y en la presentación de los estímulos discriminatorios, haciéndonos cargo de las dificultades que presenten los niños autistas a la hora de seleccionar y atender a estímulos relevantes.
  4. Diseñar programas específicos de intervención dirigidos a la generalización de los aprendizajes. 
Algunos sistemas de tratamiento específicos para población con autismo son:
  • B2 Sistemas de fomento de las competencias sociales: Incluye intervenciones como las historias y guiones sociales, el aprendizaje de competencias sociales, el entrenamiento en habilidades mentalistas, las intervenciones basadas en el juego.
  • Sistema TEACCH: el tratamiento y educación de niños autistas y con discapacidades de la comunicación análogas. Se trata de una red de servicios comunitarios coordinados que dependen de la Universidad de Carolina del Norte. Incluye programas individuales de apoyo, escolarización, formación e inserción laboral, ayuda a las familias, viviendas, programas de ocio, etc. Este programa trabaja con actividades en el aula diseñadas para satisfacer de forma individual las necesidades de cada niño, mientras que los padres en casa actúan como coterapeutas. Desde el programa se fomenta la intervención de los padres y de toda la comunidad. 
PSICOLOGÍA CLÍNICA INFANTIL, CEDE.
El equipo de Psycospirity

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